| La infancia recuperada de esta novela es el lugar del que Harry Crews se march a los diecisiete aos con idea de no volver. No la miserable cabaa de arrendatarios en la que siendo apenas un beb amaneci un buen da junto a su padre muerto, ni siquiera aquella cama en la que se pas tentido buena parte de su infancia soando con huir al mundo idlico y sin cicatrices que se anunciaba en las p?ginas satinadas de los cat?logos de Sears, sino todo el condado de Bacon, con sus gentes y sus historias. Sobre todo sus historias. Historias de alambiques ilegales escondidos en mitad de la espesura, de viejas rencillas sangrientas, de serpientes que hablan, de p?jaros que pueden poseer el alma de un nio, de predicadores delirantes y hechiceras que espantan a los espritus... Y es que en el condado de Bacon todo el mundo cuenta historias. Las historias lo son todo y todo son historias. Contar historias es su manera de sobrevivir y de comprenderse. Nada muere si hay historias. Todo, tanto lo bueno como lo malo, se incorpora y se traspasa de una generacin a la siguiente y son quienes cargan con ese legado los que acaban por darle forma y color. A lo largo de estas p?ginas el autor de 'El Cantante de Gospel' intenta regresar al territorio delimitado por las historias que configuraron su infancia para descubrir que de aquel lugar del que, como el viejo Huckleberry Finn, siempre quiso huir, por muy lejos que le llevaran sus futuros vagabundeos, nunca logr marcharse. |