: Diana Wynne Jones
: Los mundos de Chrestomanci: Una vida mágica y Las vidas de Christopher Chant
: NOCTURNA
: 9788419680983
: 1
: CHF 7.60
:
: Erzählende Literatur
: Spanish
: 536
: DRM
: PC/MAC/eReader/Tablet
: ePUB
Los mundos de Chrestomanci es la serie más ambiciosa de la autora de El castillo ambulante, un clásico de la literatura fantástica en el que Diana Wynne Jones aborda temas como la educación mágica mucho antes de que se publicara Harry Potter. Esta edición en tres tomos recopila todas las novelas, de lectura independiente y editadas por orden cronológico. Una vida mágica Tras la muerte de sus padres, Gato vive a la sombra de su hermana Gwendolen, cuyas habilidades mágicas despiertan la admiración de todo el mundo. Una bruja mediocre cuida de ambos hasta que se trasladan al castillo del poderosísimo mago Chrestomanci. Allí, una serie de complicaciones harán que uno de los dos acabe en un universo paralelo y el otro se vea envuelto en una conspiración de hechiceros. Las vidas de Christopher Chant Descubrir que tiene nueve vidas y que va a ser el próximo Chrestomanci altera los planes de Christopher: él preferiría dedicarse a recorrer en sueños tierras habitadas por sirenas, dragones, gatos coléricos y diosas de lo más peculiares. Pero pronto comprende que es muy difícil escapar del destino, en especial cuando alguien conocido como el Fantasma amenaza con alterar el orden de los mundos...

Diana Wynne Jones (Londres, 1934) es autora de más de cuarenta novelas y una de las principales voces de la literatura fantástica actual. Licenciada en Filología Inglesa por la universidad de Oxford, de joven asistió a conferencias de J. R. R. Tolkien y C. S. Lewis. En 1977 publicó la primera parte de su aclamada serie Los mundos de Chrestomanci (Nocturna, 2024-2025). Nueve años después apareció su novela más famosa: El castillo ambulante (Nocturna, 2018), que fue llevada al cine en una adaptación de Hayao Miyazaki, cuya historia prosiguió en El castillo en el aire (Nocturna, 2018) y La casa de los mil pasillos (Nocturna, 2018).

Capítulo 2

A Gato le daba miedo la señorita Larkins, hija del señor Larkins, el de la tienda de trastos. Era joven, hermosa y con una melena rojo fuego. Llevaba el cabello apilado en un moño sobre la cabeza con algunos mechones rojos sueltos que, con un efecto muy favorecedor, se enredaban con sus pendientes en forma de aro, perfectos para que se sentase un papagayo en ellos. Era una clarividente con mucho talento y, hasta que se dio a conocer la historia del gato, había sido la favorita del barrio. Gato recordaba que incluso su madre le había hecho algún regalo. Gato sabía que la señorita Larkins le estaba ofreciendo leerle el futuro porque sentía celos de Gwendolen.

—No, no, muchas gracias —dijo alejándose de la mesita llena de objetos de adivinación—. Estoy bien así. Prefiero no saberlo.

Ella avanzó hacia él de todas formas y lo agarró por los hombros. Gato se retorció. La señorita Larkins llevaba un perfume que gritaba «¡VIOLETAS!», los pendientes oscilaban como dos esposas y, al acercarse, su corsé crujió.

—¡Tontorrón! —dijo la señorita Larkins con su voz profunda y melodiosa—. No te voy a hacer daño. Solo quiero saberlo.

—Pero…, pero yo no quiero —protestó Gato sin parar de retorcerse.

—Estate quieto —ordenó la señorita Larkins mientras intentaba mirar en el fondo de los ojos de Gato.

Gato los cerró a toda prisa. Se resistió con más fuerza. Y quizá se habría soltado si la señorita Larkins no hubiese entrado en una especie de trance. Gato descubrió que lo agarraba con una fuerza que le hubiera sorprendido incluso en el Hechicero Verdadero. Abrió los ojos y se encontró con su mirada vacía clavada en él. Le temblaba todo el cuerpo y el corsé crujía como una puerta vieja agitándose al viento.

—¡Suéltame, por favor! —suplicó Gato. Pero la señorita Larkins no parecía oírle.

Gato agarró los dedos que se aferraban a sus hombros e intentó tirar de ellos. No fue capaz. Después de eso, lo único que pudo hacer fue mirar indefenso el rostro inexpresivo de la señorita Larkins.

Ella abrió la boca y produjo una voz muy distinta; una voz de hombre, animada y amable:

—Me has quitado un peso de encima, chaval —dijo la voz en tono alegre—. Va a ocurrirte un cambio muy importante. Pero has sido muy descuidado, ya has perdido cuatro y solo te quedan cinco. Debes ser más precavido. Te hallas en peligro al