: Mónica Toussaint
: Modesto Armijo Lozano Diario dedicado a su esposa, Carmenza Mejía Aráuz (octubre de 1926-julio de 1927)
: Instituto Mora
: 9786079475536
: 1
: CHF 10.80
:
: Geschichte
: Spanish
: 411
: Wasserzeichen
: PC/MAC/eReader/Tablet
: ePUB
Pocas veces se puede contar con un documento que hable de las interioridades de un conflicto, sin prejuicios, agendas e intereses ocultos, como el documento que legó Modesto Armijo Lozano. En él, Armijo compartió todas las vicisitudes del gobierno liberal en resistencia que se instaló en 1926 en la ciudad de Puerto Cabezas, en la Costa Atlántica nicaragüense, durante la llamada Guerra Constitucionalista. Ahí escribió su Diario, pensado como un documento exclusivo para su compañera de vida de quien entonces, por la misma coyuntura política del país, se encontraba alejado. Entre las expresiones de amor a Carmenza, su esposa y madre de sus cinco hijos, Armijo ofrece una visión privilegiada de los personajes y los hechos de ese momento, lo que hace de su Diario un documento histórico único para comprender mejor esos hechos. Con honestidad y transparencia pocas veces vista, quizás porque pensó que nadie más que su amada Carmenza leería su Diario ni conocería sus más hondos pensamientos, Armijo da cuenta de las debilidades y pequeñeces de quienes tomaron parte, desde el bando liberal, en los hechos históricos en cuestión. Los retrata en su justa dimensión humana, con sus vanidades, ambiciones y rencores. El insigne maestro comenta las contradicciones y desconfianzas que minaban el entorno del Juan Bautista Sacasa, el presidente constitucional. Destaca también la poca convicción, las vacilaciones y los temores de enfrentar a los interventores estadunidenses, que acusaban muchos de los personajes que se lanzaron a la aventura de tratar de reinstaurar el honor y la dignidad nicaragüenses, elementos que junto a la agresión estadunidense explican, en nuestra opinión, el fracaso de la rebelión liberal.

Mónica Toussaint. Doctora en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Profesora-investigadora de tiempo completo del Instituto Mora. Tutora del posgrado de Estudios Latinoamericanos de la UNAM. Temas de investigación: historia de las relaciones México-Centroamérica-Estados Unidos, siglos XIX y XX; historia de la política exterior de México; historia de la frontera sur; e historia oral de la diplomacia mexicana. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores y de la Academia Mexicana de Ciencias.

1926


15 de octubre*


[Fui con varios]1 correligionarios a una reunión en la casa Hinckel. Asistieron Tomás Pereira, Gonzalo Ocón, Benjamín Abaunza, Hildebrando Castellón, José Francisco Rivas, Florencio G. Pozo, Federico Sacasa, Escolástico Lara, Rodolfo Espinosa R., Francisco Somarriba, Heliodoro Moreira, Francisco Castro, José María Tercero, Antonio Medrano, J. Román González, Carlos Tellería, Gilberto Saballos, Alejandro Pereira, Heliodoro Robleto, Isaac Montealegre, Carlos Brenes Jarquín, Francisco Paniagua Prado, Leonardo Argüello, Mariano y Guillermo Argüello Vargas, José Antonio Flores, Carlos A. Morales, Porfirio Pérez N., Roberto Debayle, Enoc Aguado, José María Zelaya C., Aníbal García L., Andrés Largaespada, Abelino Serrano, Alberto Reyes, Gustavo Noguera y yo.

Por unanimidad de votos se acordó que el liberalismo debe sostener un punto de vista netamente constitucional, aprobándose así lo resuelto por los compañeros residentes en Guatemala y El Salvador. Nadie habló de transacciones sobre base de puestos públicos. Restablecimiento de la paz y del gobierno constitucional, sin perjuicio de una amplia participación del país en la administración pública, fue la opinión de toda la asamblea. Pocas veces, muy pocas, el liberalismo nicaragüense ha adoptado actitud más elevada. Frente al imperialismo yanqui, un pueblo débil se yergue, tremolando briosamente la bandera de la dignidad nacional.

Desde hace varios días, el conservatismo pregona que el encargado de negocios norteamericano, Mr. Lawrence Dennis,2 está vendido a dicho partido político y se da como un hecho que el diplomático vendrá a imponer a Adolfo Díaz3 –el más vil de los centroamericanos– como presidente de este país desgraciado. Una nueva humillación espera a Nicaragua si el liberalismo flaquea en este trascendental minuto de nuestra historia.

16 de octubre


La Junta Nacional y Legal del liberalismo ha integrado comisión que la representará en la conferencia así: Propietarios: Benjamín Abaunza, Rodolfo Espinosa, Leonardo Argüello, Federico Sacasa y Mariano Argüello Vargas; suplentes: Francisco Somarriba, Escolástico Lara y Enoc Aguado. El cuerpo de asesores de los representantes lo integran Heliodoro Moreira, José Francisco Rivas, Antonio Flores y yo.

Indudablemente ha habido juicio en la junta al integrar la delegación liberal. Se hizo justicia a los méritos de Somarriba, viejo liberal de ejecutorias positivas, no apreciado en su valor por aquello de vivir en la semiselvática Segovia. En parte, él tiene la culpa de que no se le distinga como merece: su excesiva modestia, cuando la farsa es un factor de encumbramiento, aunque falso, es un obstáculo para brillar. Vivimos a la greña por subir al tablado de la política y a nadie se le va a ocurrir que nos empeñemos en aumentar el número de competidores arrastrando al redil a los enemigos de toda exhibición. Bien están ellos únicamente a las duras, que a la hora de la cosecha, los vendimiadores no escasean. Los Sanchos de la política les tributarán aplausos por su desinterés, por más que al mismo tiempo los cataloguen en la categoría de tontos. Hace doce años trato a don Chico, como le llamamos. He tenido con él un rozamiento por causa relacionada con pasados conflictos entre liberales nacionalistas y unionistas afiliados al mismo tiempo al liberalismo, porque este don Chico, que en 1885 declarara su adhesión a Justo Rufino Barrios –rasgo magnífico de unionismo– no cree en la sinceridad de ideales de algunos compañeros hijos del movimiento iniciado en 1899. ¡Frutos de la celosa política local que desorienta los mejores criterios! El olvido echó un velo al incidente que entre otros hubiera dejado huellas hondas. La caballerosidad de Somarriba es oro puro y aunque pienso que llegó a suponer en mí miserables ambiciones de predominio, los hechos posteriores deben haberlo obligado a rectificar.

17 de octubre


Somarriba renunció a ser miembro de la delegación, como yo lo esperaba. Es incorregible y ya no está en edad de trajinar por distintos senderos. En su lugar fue designado el ingeniero don J. Román González, joven liberal, hijo de aquel distinguido ciudadano –don José Esteban González– que en 1920 fuera candidato presidencial de los partidos autonomistas del Estado. Actualmente, la familia González ha ocupado puesto prominente en la lucha para restablecer en Nicaragua el orden constitucional alterado como consecuencia del crimen del 25 de octubre de 1925. Merecida la distinción de que es objeto el ingeniero González. En cambio, el general Gonzalo Ocón quedó fuera de la delegación. A decir verdad,