Introducción
Graciela de Garay y Jorge E. Aceves Lozano
Este libro, además de sus aportes originales, es provocativo y novedoso por las propuestas teórico-metodológicas que se plantean en los ensayos de la primera sección. Conviene advertir que los textos incluidos en la segunda y tercera secciones presentan información que ya había sido analizada en investigaciones previas. Sin embargo todos sus autores, desde diversos campos de conocimiento y experiencias académicas, se dieron a la tarea de reflexionar sobre la entrevista, en particular acerca de la historia oral, como una metodología que trasciende las fronteras de la investigación histórica por sus posibilidades de aplicación en un dilatado arco disciplinar, curiosamente representado por los historiadores, antropólogos, sociólogos y latinoamericanistas que, de los años 2014 a 2016, integraron en el Instituto Mora el seminario interinstitucional “Historia oral hoy: miradas interdisciplinarias desde los márgenes latinoamericanos”. Fruto de estos encuentros son los artículos publicados en esta obra dirigida a los interesados en recordar el pasado para comprender la compleja realidad social contemporánea.
Como eje articulador de los trabajos se reconoce que teoría y práctica de la historia oral no van separadas. El registro de la entrevista y la interpretación del relato no pueden desarticulase, considerando que en la historia oral el estudioso está implicado tanto en la creación de la fuente, a partir del relato de una persona viva, como en la asignación de sus significados por medio del trabajo interpretativo.
No obstante las bondades derivadas de los múltiples y variados usos de la entrevista como herramienta de investigación cualitativa en diferentes áreas del saber, los autores de esta antología se cuestionan sobre el uso arbitrario de las reglas que, de uniformarse, podrían identificar a la historia oral como un género estable y bien consolidado.
De hecho, los participantes reconocen como una consecuencia problemática de esta diversidad, la inevitable evaporación del término historia oral, al grado de que cualquier entrevista grabada con un individuo se puede clasificar como historia oral y, con ello, los historiadores orales, además de renunciar a sus derechos exclusivos como profesionales de este movimiento, pierden el control sobre la práctica y la calidad de sus hallazgos. ¿Qué es entonces historia oral y cuál es su estatus? ¿Se trata de una metodología, de una disciplina? ¿Puede esta indefinición ubicar a la historia oral como un “subgénero” de la historia? La inquietud que plantean las preguntas antes citadas no se refiere exclusivamente a qué clase de género es la historia oral; se trata, más bien, de indagar de qué manera la “ley de género”, siguiendo el título del famoso ensayo de Jacques Derrida, sirve para legitimar ciertas narrativas autobiográficas, en este caso la historia oral, la historia de vida, y no otras. De acuerdo con Derrida, está en la propia noción de género constituirse en normas e interdicciones. Por tanto, desde el momento en que se asume un género, uno está obligado a respetar una norma y evitar el cruce de la línea de demarcación, para no arriesgarse a la impureza, a la anomalía, a la monstruosidad. Lo que aquí está en juego, según Derrida, no es el poder de los textos individuales de transgredir la ley del género, sino, más bien, la manera en que la ley del género sólo puede operar mediante su propia apertura a la transgresión. Con esto Derrida se refiere a los bordes del texto, lo que se sitúa afuera y adentro. Sus escritos analizan una y otra vez la imposibilidad de estabilizar los textos desde afuera, ya que todas las marcas desde el exterior –como el título o la firma– son absorbidos en el proceso de engendrar el texto. A manera de establecer un alto grado de generalización, se puede decir que el género es necesariamente demasiado general, pero nunca es suficientemente general.1
Por otra parte, siguiendo a la historiadora Lynn Abrams, es importante distinguir que cualquier investigación cualitativa que se base en una entrevista es una pariente cercana de la historia oral, aunque no siempre comparta el carácter distintivo de la historia oral: el acto de recordar el pasado para comprender.2
Aun así, el gran éxito de la historia oral se explica por su cruce a través de las humanidades y las ciencias sociales. Este contacto ha propiciado una relación de intercambio de experiencias muy fructífera entre teóricos y practicantes, con formaciones y miradas diferentes. Cada uno importa al campo sus propios conocimientos y habilidades. El resultado es una práctica de investigación en constante cambio a partir de su retroalimentación con los hallazgos generados en otras disciplinas.
Después de leer y criticar en repetidas ocasiones los escritos en proceso, los participantes