Mujeres de prensa, mujeres de letras (1836‑2010)
Esta conferencia se originó en un libro que estoy terminando actualmente acerca de las mujeres periodistas de 1836, fecha de la primera crónica de la columna semanal de Delphine de Girardin, elCourrier de Paris (El Correo de París), hasta 1944.1 Entre los “puntos ciegos” o los olvidados de la historia cultural y literaria de la prensa francesa, tal como ha sido repensada en los diez últimos años, todavía se encuentran las mujeres. Mi hipótesis es que el periodismo de las mujeres francesas desplegó más creatividad por el hecho de estar constreñido, y que su desconocimiento, ligado a la elaboración, en el sigloxx, de una historia de la prensa francesa poco interesada por la cuestión del género (masculino/femenino) y, de hecho, siempre dirigida por hombres, ha impedido una justa apreciación de su lugar en el panorama periodístico. Esta conferencia participa a la vez de una renovación de la historia de la prensa francesa, así como de la consideración de la historia de las mujeres que se afirma desde hace una veintena de años en todos los campos bajo el impulso de losgender studies estadunidenses.
Quisiera evitar malentendidos. No se trata aquí de postular esencias sexuadas. Para entender las razones por las cuales las mujeres tuvieron la necesidad de reivindicar figuras emblemáticas, adoptar posturas específicas, buscar lugares comunes y poéticas propias en la prensa del sigloxix y principios delxx, es necesario tomar en cuenta el carácter social de la escritura periodística. Esta es ante todo un testimonio, la restitución de una cierta relación con la realidad; es, además, una actividad económica, remunerada, que se ejerce en estructuras empresariales; es, finalmente, un trabajo que se practica en el marco de una colectividad y de redes que se manifiestan por la pluralidad de las plumas en cada número de periódico.
Sin embargo, las mujeres poseen varias particularidades específicas que distinguieron su actividad periodística respecto de la de los hombres antes de 1944. Su socialización, es decir la transmisión de valores, normas y reglas organizada por instituciones destinadas a este propósito (como la escuela, la familia, la Iglesia), como resultado también de la interdependencia con otros múltiples actores e instituciones (la familia, los medios de comunicación, los círculos sociales), evidentemente es específica. Además, su estatus legal, tal como lo definió el código civil en 1804, llamado después Código Napoleón, es el de menores de edad. Las mujeres carecen de un cierto número de derechos esenciales, particularmente las casadas, por ejemplo la libertad de escoger una profesión o estudios, o de manejar con independencia sus recursos; esto no sólo obstaculiza sus actividades, sino que, de una forma más insidiosa, conlleva una relación con el mundo totalmente diferente a la de los hombres. Las mujeres están en una posición subalterna en la sociedad, no tienen legitimidad en ciertos lugares públicos como las universidades, las academias o los espacios políticos. Incluso si, progresivamente, entre 1848 y 1940, se retiran algunas prohibiciones, el factor principal que excluye fundamentalmente cualquier posibilidad de considerar su actividad periodística como igual a la de los hombres es el hecho de que, hasta 1944, no tienen el derecho de votar ni de ser elegidas en puestos importantes en la esfera pública, de la que informa el periódico. Partiendo de esto, ¿cómo imaginar siquiera que puedan escribir acerca de la realidad de la misma forma que los hombres poderosos y establecidos? ¿Cómo pensar que sufield positioning (condiciones de acceso a la profesión, estatus profesional, vestimentas, derechos políticos), tan distinto al de los hombres, no tenga ninguna influencia en sutextual positioning (el tono, la voz, el uso de la performatividad, su relación con la objetividad, la elección de las rúbricas, sus posturas y puntos de vista)?
En el sigloxix, y durante la primera mitad delxx, las mujeres periodistas encontraron tipos de respuestas, es decir prácticas, posturas, estilos diversos pero relacionados todos, me parece, con una conciencia de las trabas políticas, económicas y sociales. El libro