Introducción
Después de terminada la contienda militar contra el gobierno de Victoriano Huerta en el año de 1914, las diversas fuerzas revolucionarias que habían contribuido a su expulsión se enfrentaron al problema de llegar a acuerdos que permitieran la reorganización del país. Sin embargo, las profundas diferencias ideológicas, la diversidad de percepciones y metas planteadas en la brega y la heterogeneidad del movimiento revolucionario dieron como resultado la continuación de la lucha armada.
Entonces, la facción encabezada por Venustiano Carranza debió refugiarse en el puerto de Veracruz ante el embate de los movimientos populares de Francisco Villa y Emiliano Zapata. Desde ahí reorganizó sus huestes armadas, hizo reformulaciones de carácter social a su estrategia política plasmada en el Plan de Guadalupe e inició la recuperación del control político y militar del país, lo que alcanzó en 1916 cuando retornó triunfante a la capital. A partir de ese momento trató de instaurar una organización diferente del país, misma que con frecuencia chocó contra los poderes regionales, provocando rechazo y hasta rebeliones armadas en buena parte del territorio nacional.
Estas rebeliones que “relativizaron” el dominio carrancista fueron parcialmente integradas al sistema militar y político de la revolución, una vez que Álvaro Obregón (luego del asesinato de Carranza en Tlaxcalaltongo) asumió el poder. Primero durante el interinato de Adolfo de la Huerta y luego bajo su propio gobierno. Sin embargo, otros grupos resistieron empecinadamente a la revolución mexicana y sus gobiernos, sumándose al estallido armado que se dio entre 1923 y 1924 debido a una nueva escisión en la “familia revolucionaria”.
La presente investigación se ocupa, principalmente, de por qué, cómo y bajo qué motivaciones se dieron estas rebeliones en contra de los gobiernos emanados de la revolución, en un espacio concreto que es el istmo de Tehuantepec, formado por el cantón de Acayucan y el de Minatitlán, en el estado de Veracruz (en la parte norte del istmo) y los distritos de Tehuantepec y Juchitán, en Oaxaca (sur del istmo), a partir de la instauración “oficial” del carrancismo como corriente político-militar dominante en 1916 y hasta la erradicación de estos grupos rebeldes en 1924, en el marco de la rebelión delahuertista.
La decisión de realizar este trabajo obedece a que en principio me pareció que el tema de los movimientos contrarrevolucionarios estaba relativamente poco investigado y que con su estudio se podía comprender mejor el movimiento de la revolución mexicana.
Por trabajos realizados con anterioridad, tenía la certeza de que el escenario y los elementos proporcionados por el istmo de Tehuantepec eran ideales para desarrollar la presente investigación, ya que en esa región desde 1914 se habían dado expresiones de rechazo a las facciones triunfantes de la lucha revolucionaria.1 Además, en ocasiones estas movilizaciones obedecían a motivaciones propias de la estructura regional, lo cual les confería particularidades específicas que no se encontraban en otras partes del país.
En cuanto al periodo de estudio, vale aclarar que el planteamiento inicial de este trabajo se concentraba en las rebeliones anticarrancistas en el istmo desde 1916, para así observar su integración al Estado mexicano en el contexto del triunfo de la rebelión de Agua Prieta en 1920 o su exterminio en el curso de esos años. En principio, consideré como punto de partida el año de 1916, porque entonces se inició, en términos formales, el gobierno de Carranza, al retornar a la ciudad de México después de la derrota militar de villistas y zapatistas. Sin embargo, la investigación hemerográfica y archivística, así como los testimonios fueron mostrando que la madeja por desentrañar era más amplia y enredada.
Así apareció que por una parte era cierta la integración y pacificación de algunas facciones rebeldes a partir de 1920, pero por otra se daba la continuidad en la lucha de otros grupos hasta 1924, cuando fueron exterminados en el contexto de la rebelión delahuertista.
La misma madeja, por otra parte, mostró que el entrecruzamiento de elementos era más complejo de lo supuesto inicialmente, pues las rebeliones locales en contra de la revolución no se daban sólo como una