Introducción
Ha sido un lugar común en la historiografía afirmar que los deportes modernos fueron introducidos en México durante el periodo porfirista. Se asegura que la paz, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y comerciales con el resto del mundo y en particular con Estados Unidos y Gran Bretaña, el desarrollo de la economía, la modernización del país, la industrialización y urbanización de las principales ciudades que caracterizaron a ese régimen dieron lugar a que se importaran nuevas y distintas costumbres. Se sostiene que con los empresarios extranjeros y sus fortunas desembarcaron en México los estilos de vida de las naciones modernas de las que provenían. Así, se entiende que uno de los entretenimientos favoritos que sacaron de sus maletas y baúles cuando se establecieron en el país fueron los deportes modernos y que fueron ellos quienes al reproducir en México sus patrones de recreación dieron lugar a que los mexicanos de la elite los adoptaran, luego “nacionalizaran” y en su momento se popularizaran. Pareciera, como señala Miguel Esparza, que sólo fue necesario que los extranjeros practicaran algún deporte para que de inmediato la sociedad mexicana los adoptara e hiciera suyos.1
Esta interpretación sobre el surgimiento de los deportes modernos en México está sustentada en las aportaciones que sobre el fenómeno deportivo ha proporcionado la sociología.2 En estas investigaciones se define, en términos generales y con matices, al deporte moderno –amateur y profesional, individual o por equipos– como la actividad física de competencia que se realiza de manera secularizada, es decir, desprovista de principios o fines religiosos; en la que debe imperar la igualdad de condiciones para todos los competidores, la especialización de la disciplina o ejercicio y la racionalización de las reglas, cuya finalidad es registrar y superar el récord. El deporte moderno así definido se ubica cronológicamente en las sociedades contemporáneas, urbanas e industrializadas y excluye a todas las manifestaciones de ejercicio corporal que no reúnan esas características, dejando a esas expresiones dentro del universo de lo lúdico.
En esas investigaciones se asegura que los deportes modernos tuvieron su origen en la Inglaterra decimonónica y se desarrollaron plenamente a finales de esa centuria; que los procesos históricos fundamentales que permitieron que surgiera fueron el proceso de civilización no planificado cuyo sentido era la formación del Estado moderno, la industrialización de las sociedades y las nuevas condiciones de trabajo urbano que introdujo; la posibilidad de contar con mayores tiempos de ocio ocupado por las elites en actividades físicas de competencia y espectáculo y el proceso por medio del cual se fueron limitando las conductas violentas de la sociedad. Todo ello desembocó en la reglamentación negociada, escrita y difundida de las reglas con que debían practicarse esos ejercicios de competencia física en las instituciones escolares y luego, también, en los nuevos espacios de sociabilidad, los clubes.3
Ese modelo teórico-metodológico que define a los deportes modernos a partir de la necesaria oposición con cualquier otra manifestación de ejercicio corporal que no incluya en su propia definición “la característica de haber sido realizado como una competencia estructurada sobre condiciones de igualdad cuyo fin era la búsqueda de los récords y que utilizó medios cuantitativos y cualitativos para registrarla”, como señala Esparza o, en palabras de Eloy Altuve, como la “comparación de rendimientos corporales medibles, cuyo objetivo es registrar la mejor actuación (el récord) y designar al mejor concurrente (el campeón)” producto del mundo capitalista industrial, ha provocado un abandono total sobre el análisis de lo que pudo haber sucedido, o no, en relación con las actividades físicas recreativas y de competencia en México antes de que tomara el poder el presidente Porfirio Díaz.4 De tal manera que si son pocos los estudios históricos académicos sobre el deporte en México, son menos los que se ocupan del tema previo a la inserción del país en la industrialización y el capitalismo.
Ese marco teórico metodológico ha provocado que los historiadores insertos en esa propuesta no se aventuren a preguntar qué pasaba antes, y si es que sucedía previo al régimen porfirista, como en efecto sucedió, se establezcan entonces los vínculos o relaciones explicativas que proporcionen una interpretación alternativa del proceso de larga duración a través del cual en México se comenzaron a practicar actividades corporales de competencia, se introdujo la idea de educación física y se estableció el deporte moderno, amateur y profesional. Se explique cómo y por qué se hizo común la práctica simultánea de todas esas versiones de ejercicio corporal.
Ese modelo que sostiene con un tono rupturista que los deportes modernos surgieron con la industrialización como la luz eléctrica, el ferrocarril o el automóvil, como los focos y el esmog, ha impedido que se elaboren investigaciones académicas sobre lo sucedido con anteriorid