: Patricia Pensado Leglise, Gerardo Necoechea Gracia
: Recorridos solidarios Trayectorias individuales y montajes colectivos en la historia reciente
: Instituto Mora
: 9786078611676
: 1
: CHF 11.70
:
: Sozialstrukturforschung
: Spanish
: 287
: Wasserzeichen
: PC/MAC/eReader/Tablet
: ePUB
Por lo general, la solidaridad no la definimos, la describimos. Tampoco la reflexionamos, la vivimos. Por estas razones, los ocho ensayos reunidos en este libro llevan a cabo una tarea inusual: someter la solidaridad a reflexión y definición. Pero también hacen lo otro, por supuesto: describen cómo los frágiles dedos individuales se juntan, flexionan y forman un sólido puño. En esta obra se examinan las relaciones y las prácticas en ámbitos que fácilmente asociamos con solidaridad, como son los conflictos laborales, los movimientos estudiantiles, los avatares de la migración del campo a la ciudad; pero también en situaciones en las que su aparición puede ser desconcertante: un grupo de jóvenes infractores. En un tiempo en que la acción colectiva resurge después de un largo interludio individualista, este volumen nos invita a reflexionar acerca de cómo en los problemas y conflictos que la práctica conlleva nos hacemos uno, con la esperanza de que los puños del futuro sean más resistentes y duraderos que los del pasado.

Patricia Pensado Leglise. Doctora en Estudios Latinoamericanos por la UNAM, investigadora del Instituto Mora y profesora de la licenciatura en Historia del SUAyED en FFyL de la UNAM. Sus temas de interés comprenden la historia oral de movimientos sociales en la segunda mitad del siglo XX e historias de vida de militantes de izquierda en México. Entre sus publicaciones se encuentra Adolfo Sánchez Rebolledo: un militante socialista (2014). En la actualidad es integrante del grupo de trabajo CLACSO: Izquierdas: Praxis y Transformación. Gerardo Necoechea Gracia. Es doctor en Historia Social por la ENAH y profesor del posgrado en Historia en esta institución, además es investigador de la Dirección de Estudios Históricos del INAH. Se especializa en la historia de la izquierda política y los movimientos sociales en el siglo XX. Entre sus publicaciones se encuentra Parentesco, comunidad y clase: mexicanos en Chicago, 1916-1950 (2018). En la actualidad participa en el grupo de trabajo CLACSO: Izquierdas: Praxis y Transformación.

Introducción
Hacer de dos, uno; hacer de uno, dos: ideas de solidaridad


Gerardo Necoechea Gracia

Los textos cobijados entre estas tapas son resultado del trabajo de investigación individual y discusión colectiva en el Seminario de Historia Oral de la Ciudad de México. En el transcurso de 2015, los integrantes del seminario platicamos y reflexionamos acerca del tema para un trabajo en conjunto. Aspirábamos a repetir la grata y enriquecedora experiencia que desembocó en la publicación deEl sigloxx que deseábamos.1 El propósito de juntar cabezas era encontrar un concepto que permitiera hacer una lectura distinta de las entrevistas que cada uno había acumulado en su proyecto individual, tal como habíamos hecho con experiencia y expectativa en la anterior ocasión. Así, los productos de nuestra reflexión compartirían una misma pregunta, anticipando, por supuesto, muy distintas respuestas.

La primera sugerencia fue en torno a la comunidad. El disparador fue el libro de Zigmunt Bauman,Comunidad, que nos invitaba a indagar acerca de cómo concebían y cómo hacían comunidad los individuos entrevistados.2 Pero, y siguiendo a Bauman, la pregunta interesante era si la socialidad actual permitía seguir albergando nociones de comunidad referidas a condiciones anteriores y muy distintas. Bauman analiza la sociedad europea y concluye que las relaciones son efímeras porque las situaciones de los individuos son fluidas; de ahí la noción de lo líquido con la que Bauman ha analizado distintos aspectos de la sociedad actual. El examen del concepto nos llevó a la lectura y discusión de varios textos. Hay un debate interesante, sobre todo centrado en las diferentes aproximaciones entre el pensamiento social europeo y los planteamientos desde los estudios subalternos, y, en particular, en la visión de comunidad de pensadores que centran su reflexión en las comunidades indígenas de América. No obstante el interés intrínseco de esta polémica, no encontramos ahí asidero para nuestra curiosidad.

Sin embargo, a partir de la reflexión en torno a estas lecturas encontramos orientación para nuestro interés. Si nos interesaba la disposición de nuestros entrevistados para constituir colectivos con objetivos expresos, animados por un sentimiento de pertenencia y una conciencia de interés compartido, entonces uno podría preguntar acerca de las dificultades enfrentadas y los lazos invocados para buscar soluciones mediante acciones concertadas. Este cuestionamiento era más adecuado para nuestro propósito, puesto que el nudo del asunto aparece repetidamente y en múltiples escenarios en nuestras entrevistas. Comunidad, en cambio, parecía ser una conceptualización impuesta de antemano, para la que había que buscar ejemplos en las entrevistas. Solidaridad, nos pareció entonces, se ajustaba mejor a la idea de conceptualizar desde el terreno de las acciones descritas.

Al principio de nuestras discusiones coincidíamos en pensar que solidaridad significaba meramente juntarse varios para ayudarse. Pero no tardó mucho en asomar la discordia respecto de englobar en la idea de solidaridad cierto tipo de prácticas; en específico nos detuvimos a reflexionar acerca de lo que se denomina caridad en las prácticas católicas. Afloraron dos cuestiones en la polémica. La primera fue darnos cuenta que cada uno de nosotros tenía ideas firmes respecto de qué sí y qué no se consideraba solidaridad, y, en ese sentido, había ya un prejuicio, por así decirlo, en la discusión. La segunda consistió en reconocer que el vocablo que habíamos considerado sencillo y directo era en realidad complejo y polisémico. Aunque las diferentes maneras de significar la palabra permanecieron, cada uno de nosotros tuvo que esforzarse por explicar y justificar el particular contenido que adscribía al término, a la vez que reconocía otros posibles significados. Fue importante, en consecuencia, buscar también cuáles eran los elementos en común que permitían describir diferentes prácticas con una misma palabra.

Solidaridad proviene del lenguaje jurídico, antes que del político o de las ciencias sociales. En el derecho romano se utilizaba para describir la responsabilidad compartida de un grupo frente a una deuda, o el derecho compartido de los acreedores; el grupo asumía la responsabilidad del individuo. Ese significado de deudor solidario sigue en uso. Proviene, asi mismo, del lenguaje tecnológico y de la construcción: la acción de soldar partes para formar un todo más resistente.3 En el