: Noam Chomsky, Vijay Prashad
: Sobre Cuba
: CAPITÁN SWING LIBROS
: 9788412875720
: Ensayo
: 1
: CHF 8.90
:
: Geschichte
: Spanish
: 144
: Wasserzeichen
: PC/MAC/eReader/Tablet
: ePUB
Una conversación íntima entre destacados intelectuales públicos que examina la polémica interacción entre la Revolución Cubana y el imperio estadounidense. Cuba, un audaz experimento revolucionario en el patio trasero del imperio, ha desempeñado un papel controvertido en el orden internacional durante décadas. Aunque sus médicos (y combatientes) -y la enorme influencia de su ejemplo- han recorrido todo el mundo, desde Venezuela hasta Angola, su futuro político y económico sigue siendo incierto a medida que la era de los Castro toca a su fin y el embargo estadounidense no cesa. A través de una conversación íntima entre dos de los observadores más sagaces de la política internacional del país, Noam Chomsky y Vijay Prashad, 'Sobre Cuba' recorre la historia cubana desde los primeros días de la revolución de 1950 hasta el presente, interrogando las intervenciones estadounidenses y extrayendo lecciones sobre el poder y la influencia de Estados Unidos en el hemisferio occidental. Ni una condena patriotera ni una celebración acrítica, el enfoque heterodoxo de Chomsky sobre los asuntos mundiales se muestra en todo su esplendor cuando él y Prashad se enfrentan al lugar único que ocupa Cuba en la escena internacional. #13; En un panorama mediático saturado de medias verdades y noticias falsas, Chomsky y Prashad - 'nuestro propio Frantz Fanon. . . (Amitava Kumar, autor de Inmigrante, Montana)- pretenden arrojar luz sobre la verdad de una nación compleja y siempre controvertida, al tiempo que examinan los límites del discurso de los principales medios de comunicación.

Lingüista, filósofo, politólogo y activista estadounidense de origen judío. Profesor emérito de lingüística en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y una de las figuras más destacadas de la lingüística del siglo xx, gracias a sus trabajos en teoría lingüística y ciencia cognitiva. También es reconocido por su activismo político, caracterizado por una fuerte crítica del capitalismo contemporáneo y de la política exterior de los Estados Unidos. Se le considera de pensamiento socialista libertario. El New York Times lo señaló como 'el más importante de los pensadores contemporáneos'.

En 1959, la Revolución cubana saltó al escenario global y sorprendió a todo el mundo con la guardia baja. La nación isleña pronto se transformó en un foco de periodistas extranjeros, estudiantes entusiastas e intelectuales, todos decididos a presenciar con sus propios ojos el experimento social que estaba teniendolugar. Fueron atraídos a este crisol caribeño de cambio como polillas a la luz y todos planteaban la misma pregunta: y después ¿qué?

Los inicios de la década de 1960 fueron testigos de una generación de intelectuales que se inclinaba hacia la izquierda, con la mirada fija en la floreciente revolución de Cuba. En medio del tumultuoso vórtice de la Guerra Fría, intentaron descifrar la trayectoria política de esta pequeña nación que se liberaba de los grilletes del imperialismo. Entre los intelectuales estadounidenses, muchos intentaron defender la Revolución de la agresión de su propio país e insistieron en que la Revolución cubana no era el vástago del comunismo, como alegaban sus críticos. Simultáneamente, a mediados de los años sesenta, algunos observadores extranjeros, como Leo Huberman y Paul Sweezy, editores deMonthly Review, habían empezado a catalogar la Revolución cubana de «socialista» incluso antes de que Fidel pronunciase este término en público.

Una de esas mentes curiosas que emprendieron este viaje fue C. Wright Mills, el reverenciado sociólogo de la Universidad de Columbia. Conocido por sus estudios acerca de la estructura de clases norteamericana tras la Segunda Guerra Mundial, sus obrasLas clases medias en Norteamérica yLa élite del poder ya lo habían situado como un observador sagaz de los cambios sociales. Durante dos semanas de agosto de 1960, Mills se sumergió en la experiencia cubana, e incluso pasó tres días viajando con el propio Fidel Castro. Su misión estaba clara: escribir un libro que capturase las voces de los revolucionarios cubanos y expresara sus aspiraciones al mundo. Al contrario que sus colegas, Mills veía a los revolucionarios a través de una lente diferente. Los consideraba marxistas, involucrados en la inmensa tarea de construir un «socialismo con corazón» en una isla que llevaba mucho tiempo siendo víctima del subdesarrollo.

El triunfo de la Revolución cubana en 1959 se encontró con una actitud beligerante por parte del Gobierno de Estados Unidos. A pesar de haber reconocido inicialmente el Gobierno del recién nombrado presidente Manuel Urrutia, apenas una semana después de que los revolucionarios hubieran derrocado el régimen opresor de Fulgencio Batista, Estados Unidos procedió a sabotear la Revolución cubana, sobre todo después de que Fidel Castro ascendiera al puesto de primer ministro en febrero de 1959. Cuando Castro quiso visitar Estados Unidos en abril, el presidente Dwight Eisenhower se negó a reunirse con él. Esto marcó el inicio de un firme declive en las relaciones, que culminó cuando Estados Unidos rompió lazos con Cuba en 1961 y puso en marcha una serie de tácticas de desestabilización coordinadas por la CIA: desde los más de seiscientos intentos de asesinato a Castro hasta actividades terroristas dentro de la Operación Mangosta en la isla y la invasión de bahía de Cochinos por parte de los exiliados cubanos de derecha. En 1962, la administración de Kennedy inició un bloqueo contra Cuba, lo que comenzó una campaña despiadada de hambruna y carencias contra los once millones de habitantes de la isla que aún ahora sigue asfixiando al país. Sin embargo, el pueblo de Estados Unidos no fue quien condenó a Cuba, a pesar de las acciones de su Gobierno. Justo después del triunfo de la Revolución, dos poderosas fuerzas sociopolíticas de Estados Unidos, el Movimiento Black Power y las organizaciones socialistas, se situaron detrás de la Revolución cubana inmediatamente.

Cuando Castro viajó a Nueva York para participar en la reunión de la Asamblea General de la ONU de 1960, antes de que Estados Unidos cortase oficialmente sus relaciones con Cuba, él y su delegación fueron expulsados de su alojamiento, por lo que no tenían un lugar donde quedarse. Malcolm X intervino y logró que la delegación cubana se alojase en el Hotel Theresa, en Harlem. Este gesto mostró las profundas conexiones entre el Movimiento Black Power y los revolucionarios cubanos de la orilla contraria. Cuando Eisenhower le negó a Castro la entrada a su almuerzo con otros líderes latinoamericanos, Castro respondió organizando