1.
ERIK
Un disparo.
Solo uno.
Es la primera vez en mi vida que voy a usar una pistola.
Puedo sentir el frío del metal en el bolsillo.
Un solo disparo.
No te dará tiempo a más.
Apunta bien.
Solo uno.
Jamás he disparado.
Ni siquiera en un videojuego.
Soy malísimo para esas cosas.
Solo tengo que apretar el gatillo.
Estoy rodeado de miles de personas.
La música retumba en el pabellón.
El humo.
Las palmas.
La euforia contagiosa.
Ella está en el escenario.
Cantando.
Los bailarines la llevan en volandas sobre la plataforma circular.
Las cámaras de televisión vuelan a su alrededor.
Una grúa sube y baja.
Los atrecistas empujan el decorado a toda velocidad.
El show está en el momento álgido.
Tres minutos donde se lo juega todo.
Ciento ochenta segundos y se acabará.
Cuando dispare, habrá gritos, empujones, carreras, caos.
Los del pinganillo se abalanzarán sobre mí.
Caeré de bruces.
Me inmovilizarán.
Apretarán sus rodillas sobre mi cuerpo.
Me dolerá.
Lo mereceré.
Habrá sufrimiento, acusaciones, reproches.
Los servicios de seguridad privados, la Policía Nacional, la Guardia Civil...
Todos intervendrán.
Habrá declaraciones gruesas.
El festival repulsa cualquier acto de violencia.
Este tipo de actitudes son intolerables.
Y otras cosas parecidas.
Sacarán un perfil de mi vida, de mi familia, de mi instituto.
Se culpará al sistema.
A la educación que he