El conflicto es un signo de que existen verdades más amplias y perspectivas más bellas.
A.N. WHITEHEAD
La conflictividad es uno de los problemas ejes de nuestro tiempo. Junto con otros temas como el medio ambiente y la globalización, constituyen una preocupación creciente. Este milenio se caracteriza por un profundo proceso de transformación social, lo que está originando fuertes sentimientos de incertidumbre, tanto a nivel individual como colectivo.
Manejar la incertidumbre, en palabras de J. C. Tedesco (1998: 20), «(...) se ha convertido en uno de los desafíos más importantes que enfrentan a las personas y a las sociedades». Dicha incertidumbre, afecta a todos los sectores, con especial repercusión en el mundo educativo. En este sentido, el conocimiento, como capital invisible, es el arma más poderosa para responder con flexibilidad a las demandas y exigencias de una transformación constante.
En la actualidad, los conflictos se han incrementado en todos los sectores de la vida social: familia, escuela, trabajo, medios de comunicación, etc. Se habla de conflictos a nivel local, nacional e internacional; entre los países del norte y del sur. Esta situación nos lleva a buscar mecanismos que faciliten el consenso.
Los conflictos se extienden no sólo al campo del conocimiento sino también al de las relaciones internacionales, sociales y personales. Se podría afirmar, que la conflictividad se ha incrementado en todos los ámbitos de la vida, por lo que la institución escolar debe preparar a los sujetos para aprender a convivir de forma pacífica.
En los últimos años, se ha podido constatar cómo ha ido aumentando el número de