En su último informe, el Programa para el Desarrollo de las Naciones Unidas resalta el papel de la cultura como una contribución específica al desarrollo de las libertades y de los pueblos. Potenciar la cultura no significa tan sólo incrementar el nivel educativo, sino también el desarrollo global de la población. A lo largo de la historia se ha constatado la vinculación existente entre desarrollo cultural y desarrollo económico. La pobreza se manifiesta en la carencia de recursos materiales y de nivel cultural que impide participar en actividades diversas y formar parte de los diferentes grupos humanos. La falta de una cultura básica niega posibilidades de participación.
Por tanto, la riqueza cultural es uno de los valores principales de las personas, lo que incide de forma decisiva en su desarrollo no sólo económico, sino también personal y social. Este capital invisible se ha convertido en la fuerza motora capaz de dinamizar y transformar las sociedades y los pueblos que lo poseen, aunque también contribuye a hacer más visible la brecha norte-sur. El desarrollo se encamina a fomentar las potencialidades de las personas, tanto desde la perspectiva individual como socia