En el comienzo de este siglo se está perfilando una sociedad nueva, con intereses, necesidades y problemáticas distintas, que exigen respuestas desde los diferentes servicios de la comunidad. Los ciudadanos reclaman, con creciente énfasis, una atención más cualificada desde los servicios sociales, en la sociedad de bienestar, movilizándose, cada vez con más frecuencia, para reclamar otros valores: cotas más altas de participación, de libertad, de respeto, de tolerancia, etc. Buscan la construcción de una nueva cultura, como respuesta a una sociedad en crisis, contradictoria e incapaz, en muchas ocasiones, de responder a los deseos, intereses y expectativas de los ciudadanos.
En la configuración de esta nueva sociedad, desempeñan un papel relevante los movimientos migratorios, así como la concentración en grandes núcleos urbanos. El desarrollo industrial y tecnológico contribuye, en gran medida, al progreso y al auge económico; si bien, en ocasiones excluye a muchos sujetos incapaces de seguir el ritmo de cambio y adaptarse a las tecnologías de la información y la comunicación. Esta sociedad tecnológica e individualista dificulta, a veces, la comunicación directa y las relaciones interpersonales.
Las diversas modalidades de relación entre la educación y la sociedad están dando lugar a la aparición de una nueva terminología, que refleja las características de la sociedad del conocimiento. La educación ha superado las barreras del