Los últimos dos siglos han sido sumamente interesantes para las mujeres. ¿Podríamos aventurarnos a decir que para todas las mujeres? No, a fuer de caer en una tremenda generalización a la que nos tiene acostumbradas el patriarcado, considerando las cuestiones de las mujeres con poco rigor y pensando y haciendo que se piense en nosotras como en un todo indiferenciado, derivado de la naturaleza femenina reproductiva de la especie que, por cierto, es lo único en lo que coincidimos exactamente todas las mujeres del mundo, de aquí y de allá, de ahora y de otrora, del campo de África y de los rascacielos de Manhatan.
Pero las mujeres tenemos también en común una larga historia de sumisión, invisibilidad y designación p