: Mia Sheridan
: El dilema de Travis
: Ediciones Pàmies
: 9788419301420
: 1
: CHF 5.40
:
: Erzählende Literatur
: Spanish
: 310
: Wasserzeichen
: PC/MAC/eReader/Tablet
: ePUB
Mia Sheridan vuelve a Pelion, Maine, con esta novela sobre el hermano del protagonista de su gran éxito La voz de Archer. Travis Hale lo tiene todo: es el jefe de policía local en el idílico pueblo de Pelion, Maine; su atractivo físico hace que las mujeres caigan rendidas a sus pies, y su hermano Archer le ha perdonado todo lo que hizo en el pasado. Tal vez sienta algún remordimiento, pero su futuro parece brillante e ilimitado... Hasta que se cruza con una mujer que puede desestabilizar sus bien trazados planes. No es que exista ningún riesgo real de que se enamore de esa chica salvaje con la cabeza llena de rizos rebeldes y un pasado igual de desordenado, que hace batidos con alpiste y es aficionada a las plantas. Ni siquiera es su tipo. La vida de Haven Torres se ha roto, o más bien se ha quemado hasta los cimientos. Al principio le pareció una buena idea subirse al coche, con su hermano de copiloto, y embarcarse en una aventura a través del país. Al conseguir trabajo en el club de campo de un pintoresco y acogedor pueblo de Maine, Haven espera que aquel sea un buen verano. Pero cuando conoce al jefe de policía local, tan arrogante y seguro de sí mismo, y este la pone al corriente del escandaloso comportamiento de su hermano, sabe que Pelion será solo otro pueblo más en su camino. Aun así, Travis y ella acaban forjando una amistad improbable y se convierten en cómplices. Y antes de que ninguno de los dos sepa cómo, lo sencillo se vuelve complicado, su amistad cambia de rumbo y ambos descubren que a veces tienes que perderlo todo para encontrar exactamente lo que necesitas.

Mia Sheridan vive en Cincinnati (Ohio, Estados Unidos) con su marido y sus hijos. Autora superventas (sus novelas han estado en lo más alto de las listas de The New York Times, USA Today y Wall Street Journal), su gran pasión es la de crear historias de amor sobre amantes que están destinados a estar juntos. Este es su octavo título en Phoebe después de La voz de Archer (2016), La decisión de Stinger (2016), La promesa de Grayson (2017), Kyland (2017), La venganza de Ramsay (2018), El honor de Preston y Más de ti (2018).

1


Travis

El lago brillaba más allá de los árboles cuando abrí la puerta de casa de mi hermano. El chirrido de las bisagras oxidadas rompió el silencio de la tranquila tarde de verano, ruido al que se unió rápidamente y de forma bulliciosa el golpe de la valla y la carrera de mis sobrinos —y de varios perros callejeros— desde el exterior, cuando subieron a toda velocidad por el patio en cuesta para recibirme.

—¡Tío Travis! ¡Tío Travis! —gritaban los chicos al unísono mientras sus cortas piernas los llevaban rápidamente cuesta arriba, con los perros ladrando y saltando alrededor. Los canes movían las colas de una manera que habría permitido que cualquier ladrón armado o asesino en serie que entrara en la propiedad pensara que era más que bienvenido a unirse a la familia.

Me reí cuando Connor y Charlie llegaron hasta mí; me agaché y los cogí a cada uno con un brazo.

—¡Tengo dos estómagos! —declaró Connor—. Lo dice papá.

—Es típico de los Hale —expliqué—. Forma parte de la forma en que crecemos y…

—¡Creo que yo tengo tres! —declaró Charlie, para no ser superado por su gemelo.

Miré con curiosidad su estómago y usé los dedos para hacerle cosquillas en el costado. Charlie aulló de risa. Los perros se metieron entre mis piernas, y esquivé al de pelaje marrón, que parecía estar siempre sonriendo. No me fiaba de él ni un pelo. Cualquier ser que sonriera de esa forma constantemente estaba, sin duda, loco.

—¿Has visto alguna vez un elefante, tío Trav? —preguntó Charlie.

—En persona no…

—¿Y un oso? —soltó Connor.

—He visto demasiados para…

—¡Los elefantes pesan más que los coches!

—¡Los osos duermen todo el invierno! Se llama hibernación.

—¿Hiber-nación? ¿Qué es una nación? —pregunté.

—¡Probablemente sea un culo peludo! —susurró Connor en voz alta mientras, ladeado hacia Charlie, ahuecaba la mano sobre la boca.

Entonces los dos niños comenzaron a reírse a carcajadas, y sus pequeños cuerpos temblaron de hilaridad. Yo también me reí, porque si eras un humano del género masculino, las palabras «culo peludo» tenían gracia, tanto si tenías cinco años o más de treinta.

O incluso ciento cincuenta,pensé.

—Chicos —llamó Bree, saliendo al exterior, con Averie, de seis meses, en brazos—. Dejad que vuestro tío recupere el aliento. —Me sonrió—. Hola, Travis.

—Bree. —Cuando dejé a los niños en el suelo, capté la leve inclinación de cabeza que Charlie le hizo a Connor antes de que tropezara. Me adelanté y lo pillé antes de que cayera al suelo de madera del porche.

—¡Ajá! —gritó Connor en tono triunfante desde el otro lado, sosteniendo el paquete de chicles que me había sacado del bolsillo mientras yo rescataba a su hermano de su falsa caída.

—Dios mío, sois unosninjas—dije, orgulloso de su sigilo, chocando los cinco con ellos.

Se rieron y Bree los miró con desaprobación mientras se apoyaba la única mano disponible en la cadera.

—No se roba, niños. —Volvió su mirada hacia mí—. ¿No se supone que eres la ley?

—¿Quién lo ha dicho?

—Los vecinos de Pelion, al parecer.

—Ah, es cierto. Ahora lo recuerdo. Vuestra madre tiene razón. Robar os co