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Alejandro Negrín1
Embajador de México en Polonia
Campeche (1832-1850) desde la mirada delotro
La Península de Yucatán en la correspondencia consular en Campeche, 1832-1850: D´Hauterive, Faramond, Laisné de Villevêque, es el último trabajo de la Dra. Pascale Villegas, quien tiene ya un lugar de relevancia en la historiografía campechana de la última década, gracias a sus múltiples contribuciones sobre los temas más diversos.
Esta obra también es, sin duda, una aportación singular y de gran importancia. Se trata de laprimera investigación que explora comofuente historiográfica los informes de los cónsules franceses en la ciudad de Campeche en la primera mitad del sigloxix, específicamente entre 1832 y 1850, periodo en el que estuvo abierto ese Consulado. La autora revisa más de 400 cartas oficiales o informes escritos por el primer agente comercial M. Renon (1832-1833) y por tres de los cinco cónsules nombrados en el puerto campechano: Maurice d´Hauterive (1835-1837), Jean Antoine Marie Faramond (1838-1839) y Athanase Laisné de Villevêque (1840-1850). Las cartas de los cónsules franceses en Campeche fueron encontradas por Villegas en el Archivo del Ministerio de Asuntos Extranjeros de Francia (París-La Courneuve) y en el Archivo Diplomático de Nantes.
Los cónsules tenían entre sus funciones esenciales, en efecto, la de informar regularmente de la situación política, social y económica de su circunscripción tanto a la legación o embajada francesa en la Ciudad de México como al Ministerio de Asuntos Exteriores en París. Guiada por las propias cartas en las que dice: “encontramos una miríada de información de revelación”, la autora explora temas determinados por los propios informes de los cónsules, es decir, aquellos temas “más comunes y frecuentes” abordados por los propios diplomáticos. La autora despliega, así, un conjunto de temas que podrían parecer aislados, incluso ella misma advierte que cada capítulo podría leerse de manera independiente: los franceses establecidos en Campeche; el comercio ilegal y el contrabando, en particular de palo de tinte; el movimiento comercial desde el puerto de Campeche; la relación de los cónsules con las autoridades locales; la corrupción; y la presencia inglesa en la península de Yucatán desde Belice, entre otros.
Los temas se presentan como pinceladas que, al final, configuran un gran fresco dibujado desde una visión diferente:desde la mirada del otro. Por ello, seguramente la contribución más valiosa de este libro es que abre una ventana de nueva observación a una de las etapas más apasionantes de la ciudad de Campeche (que en 1847 tenía 6 000 habitantes dentro del recinto amurallado y 12 000 en sus barrios aledaños) y de la región campechana en uno de sus periodos más complejos. Un periodo en el cual se sobreponen los efectos en la península yucateca de la independencia de Texas (1836); del conflicto entre México y Francia (1838); de la guerra entre México y Estados Unidos (1847); de la guerra de México con el estado de Yucatán (1840-1843); de la separación de Yucatán respecto a México (1840-1846); y de la llamada guerra social o de castas (1847).
El valor de las fuentes
En los últimos años se ha fortalecido una corriente historiográfica especializada en estudiar las contribuciones de los cónsules a través de sus cartas e informes. Se considera que, a lo largo de la historia, los cónsules han sido agentes de transferencias culturales, circulaciones políticas y actores decisivos de espacios transnacionales. Sus funciones les conferían un rol de actores en la construcción de un mundo conectado, en especial a través del comercio.2
Desde un punto de vista estrictamente histórico, no es muy conocida la diferencia que hay entre cónsules y embajadores, o bien entre los consulados y las embajadas. Por ello, es preciso recordar que la institución consular es anterior en el tiempo a la diplomacia permanente y que, tanto su esencia como su origen, se vinculan al comercio internacional y a la necesidad de proteger a los comerciantes en el extranjero.
Desde su origen, que se remonta a la Antigua Grecia, los cónsules tuvieron como función defender los intereses mercantiles y eran designados por sus gremios. Reclamaban privilegios e inmunidades, en tanto únicos representantes oficiales de sus naciones o reinos, y el rango de sus actividades rebasaba co