Aprender haciendo: investigar y actuar para afrontar la complejidad y la incertidumbre de la era digital
Es un placer para mí elaborar el prólogo de esta interesante, útil y sugerente obra de Juan José Vergara, porque desarrolla en la práctica, desde la práctica y para la práctica un modelo de enseñanza-aprendizaje que integra buena parte de los principios pedagógicos que han orientado mi vida profesional como docente y como investigador.
Juan José ofrece de manera clara, amena, original y fundamentada el sentido de una forma de entender los procesos de enseñanza más eficaces y satisfactorios para provocar el aprendizaje relevante de los ciudadanos contemporáneos que han de aprender a vivir en una sociedad compleja, afrontar el cambio permanente y vertiginoso y navegar en la incertidumbre.
Además, y aquí reside a mi entender el valor añadido, la singularidad de esta obra nos ofrece el relato teórico y práctico de un modo de hacer, basado en su larga experiencia como docente que investiga y experimenta su propia práctica. Permítame el lector la licencia de profundizar, aunque sea de forma breve, en la relevancia y oportunidad de esta metodología por proyectos tan necesaria y urgente en el panorama educativo español.
Las deficiencias de la escuela industrial
La era de la información y de la incertidumbre requiere ciudadanos capaces de entender la complejidad de situaciones y el incremento exponencial de la información, así como de adaptarse creativamente a la velocidad del cambio y a la incertidumbre que lo acompaña.
No deberíamos olvidar que preparamos ciudadanos para desarrollar profesiones, habilidades, técnicas e instrumentos aún no inventados. La mayoría de las actividades profesionales a las que se dedicarán los ciudadanos cuando acaben la enseñanza formal en el sistema educativo ni siquiera se han inventado.
Vivimos ya en un mundo con más preguntas que respuestas. Más que enseñar la respuesta correcta, hay que enseñar a preguntar las cuestiones adecuadas para entender y conformar el mundo contemporáneo.
Hoy día las nuevas tecnologías pueden remplazar ya las actividades y funciones mecánicas que hacía normalmente nuestro cerebro izquierdo. Cualquier trabajo, o la mayoría de ellos, que se fundamente en rutinas, que se pueda expresar en un conjunto de reglas que se repiten con pocas variaciones y que se pueda descomponer en etapas o pasos, está en riesgo de desaparecer para el ser humano y pasar a situarse en el territorio de las computadoras.
Los individuos contemporáneos