I
DEL DIARIO personal del cardenal Domenico della Palla, canciller apostólico de la Iglesia de Roma, agosto de 1478:
Nuestro Padre Todopoderoso que está en el cielo sabe cuántos años han pasado desde que renuncié a la creencia de que mi cargo, el más poderoso del mundo, podría, haciendo uso de tal poder, traer paz al mundo cristiano o, incluso, a Italia. Y Él también sabe qué tan necesaria es la paz para nuestras ciudades-Estado, aunque fuere únicamente con el propósito de estar preparadas para enfrentar a los turcos; sin embargo, no veremos esa paz en toda mi vida.
¿Por qué, por ejemplo, Roma misma insiste en su disputa con la República de Florencia? Es, con toda certeza, algo completamente fútil. Nuestro santo papa Sixto, junto con su sobrino Girolamo Riario, conde de Imola y capitán general del ejército de Roma, puede pensar que Florencia es un peligro para nosotros. Yo no. Lorenzo de Médici gobierna Florencia y lo hace lo suficientemente bien. Fuimos nosotros quienes provocamos a Lorenzo, y ¿con qué propósito? Con el de la dominación terrenal y para cumplir las ambiciones territoriales de Roma, me atrevería a decir. En cuanto canciller apostólico, no me siento obligado a considerar tales insignificancias. ¿Acaso no todos los hombres son uno en Cristo?, y ¿no es eso suficiente?
En cuanto al joven artista e ingeniero de Florencia, Leonardo da Vinci, la historia lo consignará mejor de lo que yo pudiere hacerlo, si acaso vive lo suficiente para ingresar en las páginas de la historia. Parece improbable que lo haga. Es una molestia y, posiblemente, un hereje. Ha venido a verme dos veces este verano. Lo registro aquí, como también registro el hecho de que lamenté verlo partir. Si sigue inmiscuyéndose en las enredadas guerras entre nuestras ciudades-Estado, entonces él y los artilleros florentinos que ha hecho sus amigos necesitarán una mayor protección que la mía.
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Rigo Leone, capitán de artilleros de los Médici, maldijo acremente mientras el filo de la espada penetraba profundamente en el músculo de su hombro derecho; sin embargo