II
Carmen fue la primera empleada de Sebarit. Había terminado la carrera de Económicas y conocía los productos, si bien —provenía de una familia de charcuteros— en su versión más adocenada. De acuerdo con los planes de Serafín, la persona elegida debía tener capacidad para realizar todas las tareas en la tienda, de principio a fin, desde despachar y asesorar a los clientes hasta cuadrar la caja y presentar las cuentas ante la Hacienda pública, además de tener un grado de refinamiento apto para afrontar con éxito el trato con los compradores de Sebarit. Tal como el propio Serafín decía, sus clientes eran consumidores con paladar selecto y un bolsillo capaz de alimentarlo con sus productos: patés y quesos artesanales, bebidas con numeración en la etiqueta, conservas exquisitas y todo tipo de comestibles y condimentos destinados, en definitiva, al deleite sibarita.
Carmen se involucró en el negocio como si fuera suyo. En los sucesivos establecimientos que se abrieron más adelante, colaboró con Serafín en asuntos prácticos de intendencia, decoración, obras que había que acometer para dejar el local en condiciones, altas de luz y agua, y hasta participó en el proceso de selección de personal para las nuevas tiendas. Fue su mano derecha en todos esos asuntos y continuó al frente de la primera tienda Sebarit hasta que se casaron.
Serafín no recordaba haber tomado una decisión clara en ese sentido. Más bien lo consideraba la culminación de un proceso natural, algo con lo que se había encontrado, sin buscarlo, después de que todas las fuerzas y los vientos le arrastraran de modo espontáneo hasta allí.
Serafín viajaba por toda España y por el resto del mundo en busca de caviar iraní y ruso,whisky destilado en Escocia de manera artesanal y, en general, de los mejores productos de cada lugar. Al mismo tiempo, se ocupaba de asentar vías tanto para la exportación de los productos autóctonos —trufas, aceite de oliva selecto, vinagre de Lérida, vino Vega Sicilia, chocolate de Astorga…— como para la importación del mejor género de otros lugares. Ofrecía sus artículos a los consumidores particulares a través de la tienda y servía a domicilio a un puñado de buenos restaurantes, sin coste adicional, dentro de la ciudad.
Pasados unos veinte meses desde su apertura, la primera tienda Sebarit resultó insuficiente para abastecer la demanda de su mercancía exquisita, que, según palabras del propio Serafín, fue recibida por los compradores con alfombra roja y orquesta, en una época en la que crecía por momentos el número de restaurantes en la ciudad —cada semana se inauguraban varios en todos los barrios— y la gente, tanto la que acudía a Sebarit en busca de productos sofisticados como la que no, había desarrollado una cultura culinaria cada vez más refinada y cosmopolita. En un tiempo récord, sobre todo si se tiene en cuenta el bajo nivel del que se partía, todo el mundo se había convertido en un gran experto en vinos y restaurantes. Gentes alimentadas desde la niñez a base de huevos fritos con patatas, potajes de garbanzos y lentejas ahora sólo probaban platos que sus abuelos jamás habrían reconocido ni por su nombre ni por su aspecto. Los lenguados meunière y las tristes merluzas a la plancha formaban parte de la prehistoria en las cartas de los restaurantes, llenas ahora de lubinas salvajes y rapes acompañados de espumas, caramelizados, terrinas,foies y otros alimentos cocinados con procedimientos propios de un laboratorio. Lo contrario era considerado de gentes ancladas en la miseria o en la antigüedad, cuando no en ambas realidades. Todo eso pensaba Serafín, que vio en ello una oportunidad dispuesta para ser aprovechada.
Desde el principio, Serafín tuvo como objetivo la expansión del negocio. En cuanto se vio desbordado por la demanda no tardó en buscar ubicación para abrir un segundo establecimiento. El local elegido estaba situado en un pueblo del área metropolitana de la ciudad, con gran densidad de población, donde a los residentes habituales se habían venido a sumar los vecinos del núcleo urbano que huían de los precios desorbitados de las viviendas.
El día que inauguraro