Este libro es en apariencia la traducción de un ensayo sobre la heterodoxia en las letras catalanas del sigloxx tituladoBurgesos imperfectes, publicado en catalán en La Magrana en 2012. En la práctica, se ha convertido en un libro distinto porque he hecho numerosos cambios, que resumo así: he eliminado dos capítulos, he reescrito íntegramente el primero y más largo, «Una tradición desprotegida», y he redactado de nuevo el epílogo abreviándolo. Hoy no ha perdido el sesgo político, pero ha ganado coherencia con respecto a lo que se propone el libro como tal: una mirada interpretativa a las formas de disidencia intraburguesa en las letras catalanas del sigloxx.
Este libro, sin embargo, no se ocupa de política, sino de la relación de los intelectuales con los discursos mayoritarios, los prejuicios efectivos pero invisibles, las opiniones compartidas por una sociedad: las creencias, los valores, los pactos tácitos de una clase de poder. Intenta detectar los impulsos disidentes o heterodoxos que aportaron un puñado de escritores a lo largo del sigloxx desde la acritud, el humor, la severidad o la lírica, todo a la vez o cada uno por separado. En buena medida, actuaron como agentes desestabilizadores o guerrilleros éticos contra su propia clase, contra su cobardía, su egoísmo, su miedo, su fe obtusa o su sumisión natural.
A pesar de ello, nadie asigna hoy ese papel a ninguno de los autores centrales de este libro porque han pasado ya por encima de ellos, a veces pisoteándolos, los protocolos de beatificación cultural de las sociedades desarrolladas. Los necesitan cepillados, banalizados y limpios, pasados por la secadora y planchados al vapor. A mí, sin embargo, me parecen mucho más estimulantes cuando todavía van despeinados y sin afeitar, con la ropa arrugada y algún lamparón; cuando no les ha pasado por encima un plan de estudios o una placa con su nombre en la biblioteca del pueblo. Por eso quizá la propuesta más invisible de este libro es también la más ambiciosa: restituir a sus autores el valor heterodoxo que tuvieron en su momento, como voces disidentes fuera de control e imprevisibles. Mi objetivo es rehabilitar ese significado cuando la posteridad o la consagración oficial todavía no les ha impuesto la rigidez del almidón.
Prácticamente todos los autores que he elegido son canónicos: ninguno de ellos obedece a parámetros de subversión o rebelión evidentes, y tampoco han sido transgresores o impugnadores taxativos del orden. Sin embargo, se sitúan y se situaron muy a menudo como observadores aprensivos de las manías y prejuicios de su sociedad, de su tiempo y de su clase. Se atrevieron a ensayar variaciones de un talante ético que los separó de los valores mayoritarios o los colocó en posiciones marginales, a pesar de que hoy ocupen posiciones centrales. Precisamente ahí reside el espejismo. El magisterio que les asigna la actualidad no consagra su valor originario de rebeldía o insumisión, sino lo contrario: cloroformiza su papel y difumina etapas muy beligerantes de sus biografías intelectuales.
Mi propuesta es explicar sus salidas de tono y sus irreverencias calculadas, su capacidad para mantenerse lejos de los prejuicios de la tribu o para asumirlos sólo fingidamente. Me atrae la continuidad intermitente de un talante dispuesto a correr el riesgo de eludir la norma y el dogma del momento, sin repudiar las normas de la sociedad a la que habla ni desde luego cortar los canales de comunicación: son disidentes integrados en los circuitos de su misma clase, comunidad o entorno cultural.
Pretendo reconstruir las estrategias a través de las cuales imponen al lector —a las clases medias, a la burguesía más o menos culta— su formación ilustrada o su escepticismo macerado, sin dejarse engullir por la presión de la conveniencia o del oportunismo. Eso hicieron con múltiples variaciones Josep Pla y Agustí Calvet,Gaziel, Joan Oliver o J. M. Ferrater Mora, Joan Ferraté y Josep Maria Castellet, Pere Gimferrer y Joan Margarit. La paradoja central que vertebra el libro es esa zona fronteriza en la que el escritor actúa con un impulso disidente de su clase desde el interior de su clase: aspira menos a un estallido revolucionario que a desestabilizar el conformismo del lector medio. Encarnan variantes diversas de la rebeldía resignada o de la insolencia amena; actúan como ácidos sin efecto corrosivo, pero sí correctivo y catártico. No creen en la libertad integral o incondicional ni son románticos o idealistas banales; saben que no hay un público, sino públicos; saben que los prejuicios son necesarios y saben que los prejuicios cambian. Saben que cada uno de ellos ha cambiado y cambiará a lo largo de los años, pero no asocian el cambio con la traición innoble, sino con la madurez y la lucidez adquiridas; no se sienten leales a la retórica encendida de la Patria, ni de la Cultura, ni de Esencia alguna, sino fieles a la verdad