: Ludwig Renn
: Guerra Un soldado alemán en la Gran Guerra 1914-1918
: Fórcola Ediciones, S.L.
: 9788416247363
: 1
: CHF 8.90
:
: Biographien, Autobiographien
: Spanish
: 260
: Wasserzeichen
: PC/MAC/eReader/Tablet
: ePUB
Arnold Friedrich Vieth von Golssenau, un joven aristócrata de origen sajón, combatió como oficial en la Primera Guerra Mundial, en el frente del Oeste, primero como teniente y luego como capitán, en un regimiento de infantería de Sajonia en el que había ingresado en 1910 y del que, años después, dirigiría un batallón. Fruto de su participación en la guerra, en 1928 publicó su primer libro, Guerra, firmado con el pseudónimo de Ludwig Renn, en el que relata la supuesta experiencia bélica de su protagonista como soldado de infantería entre 1914 y 1918. Ni novela ni diario, Guerra se presenta como una verdadera crónica bélica de la irrepetible guerra de trincheras, de la crudeza de la que Emil Ludwig denominó 'guerra estúpida', en la que se dieron cita la modernización del combate y la aparición de la muerte tecnificada. El libro tuvo desde su aparición un gran éxito y una amplia difusión, tanto en Alemania como en otros países, incluida España -donde en 1929 se publicó una versión incompleta-, lo que proporcionó fama a su autor, quien poco después adoptó como propio el nombre de su personaje, Ludwig Renn, en lo que constituye un evidente gesto de renuncia a su clase y de un compromiso político expreso.

Ludwig Renn (Dresde, 1889 - Berlín, 1979), cuyo nombre real era Arnold Friedrich Vieth von Golssenau, fue un escritor alemán, heredero de una familia de la nobleza sajona. En 1910 comenzó su carrera como oficial en el Primer Regimiento Real de Granaderos. De 1914 a 1918 luchó en la Primera Guerra Mundial como jefe de compañía, y durante algún tiempo también como jefe de batallón en el frente occidental. Tras la guerra fue capitán de la policía de Dresde. Alcanzó fama internacional a partir de 1928, con la publicación de Krieg (Guerra), traducido a muchos idiomas. En los años 30, atacado por los nazis, renunció a su título nobiliario, tomando el nombre del héroe de su exitoso libro, 'Ludwig Renn', y se unió a los comunistas. Participó en la Guerra Civil Española, formando parte de las Brigadas Internacionales. Tras la derrota de los republicanos en España, Renn llegó al exilio en México a través de Inglaterra y Estados Unidos. Volvió a Alemania en 1947, asentándose en la República Democrática Alemana (RDA) y haciéndose miembro del Partido Socialista Unificado de Alemania (SED). Trabajó en la Universidad Técnica de Dresde y la Universidad Humboldt de Berlín. A partir de 1952 se dedicó a la escritura, publicando obras de historia militar y política, viajes y biografías, además de libros infantiles.

i. el avance


Preparativos

El día de la movilización me hicieron cabo. No pude ir a despedirme de mi madre y tuve que hacerlo por carta. El día de la partida recibí su respuesta:

Hijo mío: ¡Sé leal y condúcete como es debido! Eso es todo lo que puedo escribirte. Aquí hay mucho que hacer. Tu hermano también ha sido reclutado y nosotras, dos mujeres, tenemos que hacerlo todo solas. Todavía no podemos contar con la ayuda de los nietos. Te mando un par de calcetines gruesos.
¡Que te vaya bien!

Tu madre.

Me guardé la carta en la cartera y fui a la cantina a comprar un poco de papel de escribir. La gente corría por los pasillos. En la cantina, un grupo se agolpaba delante del mostrador.

—¡Eh, Ludwig! —dijo Ziesche sonriéndome maliciosamente y alzando un vaso de aguardiente— ¡Por el primer ruso!

Max Domsky, la «Perla», sentado sobre una mesa, meciendo las piernas, se divertía mirando a unos y a otros.

Al fondo, peroraba un cabo gordo y barbudo: «¡Ya verán esos perros lo que es una paliza alemana!». Envalentonado por sus propias palabras, continuó: «Conozco bien a esa canalla. No en vano he pasado tres años en París. Cuando llega un guerrero alemán, todos salen corriendo».

Compré el papel y salí. La Perla me siguió. Ni siquiera lo miré.

—¿No te alegras? —me preguntó.

—Sí —dije con frialdad.

—¿Por qué no te has quedado?

—No podía soportar su cháchara.

La Perla guardó silencio. Me di cuenta de que quería decirme algo.

Cuando estuvimos en nuestra habitación me senté en un taburete y le pregunté:

—A ver, ¿qué te pasa?

Se sentó sobre la mesa y me miró como si esperara algo de mí. Mi pregunta no le debió parecer una pregunta como Dios manda.

—¿Te da miedo la guerra? —maticé.

—Todos esos se alegran.

Me quedé pensativo. Seguro que lo que le rondaba por la cabeza en esos momentos tenía que ver con la guerra y con el peligro de morir.

—¡Ludwig!

Me asusté. Nunca me había llamado Ludwig.

—¡No tengo padre! —dijo esto como quien te tiende un pedazo de pan. ¿Qué se supone que debía hacer yo? ¿Darle la mano? No era un hombre precisamente sentimental.

—Max —dije yo—, tienes un hermano.

Me miró con absoluta tranquilidad. Me había comprendido, aunque por lo general nunca comprendía las cosas más sencillas. No demostró alegría alguna. Tampoco dijo nada. Simplemente se preparó para incorporarse a filas. Yo me eché a la espalda la pesada mochila. No esperaba que me dijese nada más. Algunos camaradas comenzaron a entrar alborotando. Yo fui una vez más al retrete y después bajé las escaleras pronto a incorporarme. Tenía la sensación de que mis ojos miraban en rededor, completamente fuera de mí, mientras que yo permanecía enteramente dentro de mí mismo. Mis piernas se movían, el macuto me pesaba. Pero ello nada tenía que ver conmigo.

El viaje en tren

Formamos en el patio del cuartel. Detrás de nosotros estaban enganchando los vagones. El alférez Fabian llegó muy contento con un macuto barnizado de negro que, sobre sus anchas espaldas, parecía un morral escolar. Se detuvo delante de nosotros.

—No hay necesidad de pronunciar discursos. Somos como una familia. ¡Y gracias a Dios, en nuestra familia tenemos unaPerla!

Nos reímos. Eso está muy bien, pensé yo; así sabrán los reservistas qué clase de alférez tenemos. Porque casi todos querían a la Perla aunque le tuvieran por un idiota.

—¡Tercera compañía! ¡En formación! ¡Todos los grupos, giren a la derecha! ¡Marchen! ¡Alto! ¡Compañía, marche!

La músi