estudio introductorio
Irene Dorate
prólogo
En 2013 se cumple el centenario del nacimiento de Ignacio Agustí (1913-1974), un escritor que contribuyó decisivamente con sus novelas a la recuperación de la literatura española después de la Guerra Civil y, además, con sus escritos periodísticos —actualmente menos recordados—, ocupó un lugar destacado en la prensa de su época.
La celebración de un centenario supone, entre otras cosas, que un grupo de especialistas coinciden en esa fecha con la intención y el deseo de poner de actualidad a aquellos que dejaron su huella en la historia. Hacer tal cosa se puede convertir en un deber tanto más importante si se comprueba que ese rastro se ha ido borrando.
La decisión de realizar este estudio y su selección de textos surgió tras comprobar que, en la galería de retratos de la historia literaria más reciente, había algunos —caso de Ignacio Agustí— cuyos contornos estaban tan desvaídos que era necesario perfilarlos de nuevo con nitidez. Es ésta una labor necesaria si no queremos que en nuestro pasado queden zonas difuminadas que, con el tiempo, lleguen a desaparecer.
La huella que Ignacio Agustí ha dejado impresa en la historia tiene forma de árbol. Un árbol «verde y frondoso» que brotó en medio de las «cenizas» de su tierra barcelonesa, calcinada después de la guerra civil española. En los años que siguieron a la contienda bélica, Agustí escribió una saga novelesca que contribuyó a la recuperación de la historia y del alma de Barcelona. Se trata deLa ceniza fue árbol, una serie protagonizada por las tres generaciones de la familia Rius, que constituye un verdadero homenaje a la tradición laboriosa de su ciudad. Una ciudad cuyo motor de progreso no fue la aristocracia terrateniente, sino una burguesía que trabajaba y madrugaba igual que los obreros, y en la que los ricos vivían sobriamente.Mariona Rebull,El viudo Rius,Desiderio,19 de julio yGuerra civil —publicadas con un éxito sostenido entre 1944 y 1972 y galardonada la cuarta de ellas con el Premio Nacional de Literatura— fueron verdaderas novelas cívicas con una clara inspiración histórica y social, en las que, a modo de crónica, se narraba el nacimiento y el desarrollo de la burguesía catalana entonándose al mismo tiempo un canto de amor a la ciudad de Barcelona.
Treinta años después de la aparición deMariona Rebull y con la perspectiva que da el transcurso del tiempo, Agustí explicaba así el éxito de su novela: «Mariona Rebull llegaba, pues, en un momento dulce en que cualquier piropo a la ciudad sería bendecido. […] Era tratar a Barcelona como lo que es, explicar cómo había sido: radiante, apasionada, fabril, gozosa, pero también sacudida en otros tiempos por el estruendo de la revolución anarquista. Creo que, más que una obra literaria, la gente juzgó entonces un acontecimiento de comprensión y de amor. La gente aceptó el libro porque pensó que, por fin, alguien ajeno a ideologías y banderías había comprendido cómo éramos e intentaba explicarlo con llaneza a todo el mundo» (Agustí, 1974: 157).
Así empezó Agustí a abonar ese árbol barcelonés, de donde fueron brotando a lo largo de los años pobladas ramas q