: Josep Guixà
: Espías de Franco: Josep Pla y Francesc Cambó La red de espionaje contra la revolución en Cataluña
: Fórcola Ediciones, S.L.
: 9788416247387
: 1
: CHF 8.90
:
: Biographien, Autobiographien
: Spanish
: 325
: Wasserzeichen
: PC/MAC/eReader/Tablet
: ePUB
La Guerra Civil española obligó al catalanismo conservador a una dura elección entre los militares sublevados y una Generalitat en manos de revolucionarios anarquistas y comunistas. El político Francesc Cambó y sus principales colaboradores, como el periodista Josep Pla y otros personajes no menos conocidos como el abogado José Bertrán y Musitu, el político Joan Ventosa y Calvell o el escritor Juan Estelrich, apostaron por una decidida pero secreta colaboración con el cuartel general de Salamanca. Y lo hicieron principalmente a través de los informes de la red de espionaje SIFNE (Servicios de Información de la Frontera del Nordeste de España) que, al igual que la oficina de propaganda exterior camboniana, operaba desde Francia. En ambas organizaciones fue pieza clave Josep Pla, quien rentabilizó los contactos que había establecido en sus tiempos de corresponsal en la Europa de entreguerras y en el Madrid de la Segunda República, con monárquicos, republicanos, falangistas, separatistas catalanes y corresponsales extranjeros. Guixà ha peregrinado a algunos escenarios de la guerra, entrevistado a supervivientes y familiares de los espías, y, además, deambulado por diversos archivos oficiales en busca de los informes de la SIFNE. Espías de Franco saca a la luz estos informes, inéditos hasta ahora, que arrojan nueva luz sobre algunos aspectos claves de la guerra: los contactos entre los emisarios franquistas y la facción republicana Estat Català, el papel de los comunistas en la preparación de los 'hechos de mayo' de 1937 o el intento de golpe de mano en la Generalitat conocido como 'el complot de Casanovas'. Y, sobre todo, muestran la obsesión de los hombres de la Lliga Catalana por que la Italia mussoliniana -desde la que Cambó movía los hilos de su organización- no se enfrentara a Gran Bretaña en la nueva guerra mundial que ya se vislumbraba en el horizonte, lo que situaría a la nueva España de militares y 'franquistas catalanistas' en el lado sombrío de la historia.

Josep Guixà (Barcelona, 1968). Licenciado en Ciencias de la Información por la Universitat Autònoma de Barcelona. Ha practicado como periodista freelance el reportaje de investigación sobre escándalos urbanísticos (El Triangle, La Veu del Carrer), el artículo de tema histórico (El Mundo, L'Avenç) y la reseña literaria (Lateral). Es coautor de La invención de Carmen Broto (Aurea, 2005), junto al periodista Manuel Trallero. Escribe en la revista taurina catalana Caireles.

prólogo


Aquellos (y estos) tiempos convulsos

Manuel Trallero

«Vivir la historia es más difícil que leerla o escribirla. A veces es algo terrible, algo indescriptiblemente cruel y doloroso. La historia que transcurre delante de los ojos de uno suele ser desagradable e indecente».

Josep Pla1

I

No deja de ser sorprendente que todavía hoy en día la figura de Josep Pla, y en menor medida la de Francesc Cambó, sea motivo de debate, cuando no de abierta confrontación. Es como si su espíritu no pudiera descansar nunca en paz, condenado a vagar toda la eternidad entre críticas y debates en espera del merecido reposo. Su figura sigue siendo empleada como arma arrojadiza de los unos contra los otros, yendo y viniendo según la perniciosa ley del péndulo. Posiblemente algo parecido suceda en casi todos los rincones de este planeta, pero en Cataluña, y a propósito de Pla, continuamos asistiendo impertérritos a una interminable «caza de brujas», cuyo último auto sacramental ha sido la publicación en 2013 de las actas de un congreso celebrado en Londres en el año 2008 sobreLa cara oscura de la cultura catalana2. Un título revelador, que remite implícitamente a algo sucio y maloliente, tenebroso y perverso.

Sobre este cónclave volveremos de forma recurrente, pero baste ahora señalar el escándalo que provocaron en las mentes biempensantes de los allí congregados, las palabras del estudioso Xavier Pla, titular de la Càtedra Josep Pla de la Universitat de Girona e historiador de confianza de la fundación del escritor («[C]uando dije que quería hacer la tesis sobre Pla en el departamento de la universidad me dijeron: “¿Sobre ese fascista?”. Era el año 1987»3. Tuvo que irse a Francia a presentarla), quien tendrá el atrevimiento de absolverlo del fuego eterno, víctima de un ataque de optimismo irredento:

Hoy, las nuevas generaciones de lectores catalanes ya no están formadas bajo la influencia de la rémora de la guerra civil española y saben que no se puede continuar analizando este hecho histórico desde posiciones maniqueas. También saben que cualquier reflexión sobre las diversas posiciones de los intelectuales durante la guerra no debe personalizarse, sino situarse en el marco de una crisis social y política sin precedentes en la que ninguno de ellos salió indemne4.

A los guardianes de la ortodoxia semejante ocurrencia les provocó cuando menos sorpresa, porque la verdad establecida era una y sólo una, y es que, más allá de disquisiciones ideológicas, en 1936 uno debía estar «del único lado en que podía estar un escritor catalán»5. No caben muchas conjeturas.

Una prueba inequívoca del error hierático, a la vez que una muestra palmaria del supuesto rigor científico del congreso londinense, es una de las ponencias sobre el catalanismo franquista y Josep Pla6. La principalprueba de cargo contra el escritor ampurdanés sería su panegírico de José María de Porcioles, quien fuera alcalde de Barcelona durante la dictadura franquista, y a quien dedicó uno de sus retratos literarios de la serie conocida como «Homenots». Lo realmente extraordinario del caso es que políticos tanfranquistas como puedan serlo el mismo Jordi Pujol —«[Porcioles] era un hombre de visión, de ambición, de ilusión. Él volvió a poner en marcha la ciudad»— o los primeros alcaldes democráticos Narcís Serra —«Las ideas de Porcioles se orientan en la buena dirección» y Pasqual Maragall«con la perspectiva actual podemos decir que Porcioles puso las bases de la Barcelona futura»7 no tuvieron empacho en loar sin recato su actuación como alcalde, deshaciéndose en elogios sobre él en un programa de la televisión pública catalana, «la Nostra», según reza el autobombo promocional, lo que provocó una auténtica conmoción entre quienes habíamos vivido en la Ciudad Condal bajo su mandato desolador. Hasta tal punto llegó el hedor de incienso derramado que un dirigente de la federación de asociaciones de vecinos de Barcelona tuvo que advertir: «No pediremos perdón por haber luchado contra la Barcelona de Porcioles»8.

Pero aún restaba la definitiva prueba del algodón, consistente en que otro catalán franquista, Juan Antonio Samaranch, en el año 1975 —todavía en vida de Franco, quien fallecería en noviembre de aquel año— concedió a Pla una condecoración de la Diputación barcelonesa alegando: «[S]u regionalismo y su crítica del régimen se desvanecían de golpe ante los