PROSPERIDAD
LECCION UNO
Substancia espiritual, la base
fundamental del universo
La Mente Divina es la única realidad. Cuando incorporamos las ideas que forman esta Mente en nuestra mente y perseveramos en ellas, una fortaleza poderosa surge en nosotros. Entonces tenemos un fundamento para el cuerpo físico, el cuerpo no hecho con manos, eterno en los cielos. Cuando el cuerpo espiritual se establece en la conciencia, su fuerza y poder se transmite al cuerpo visible y a todo lo que tocamos en el mundo a nuestro alrededor.
El discernimiento espiritual revela que estamos ahora en el amanecer de una nueva era, que los métodos antiguos de provisión y sustento están llegando a su fin rápidamente, y los nuevos métodos esperan ser manifestados. En el comercio venidero la persona no será esclava del dinero. Las necesidades diarias de la humanidad se satisfarán en modos que ahora no parecen prácticos. Serviremos por el gozo de servir y la prosperidad fluirá a nosotros y a través de nosotros en corrientes de abundancia. La provisión y el sostenimiento que el amor y entusiasmo harán funcionar, hasta ahora la gente no los usa grandemente, pero aquellos que han probado su poder proveedor los alaban con fervor.
El poder dinámico de la supermente en el ser humano ha sido demostrado esporádicamente por hombres y mujeres de todas las naciones. Es asociado usualmente con algún rito religioso en el cual el misterio y la autoridad sacerdotal prevalecen. Las masas son mantenidas en ignorancia con respecto a la fuente de poder sobrehumano de misteriosos adeptos y de santos. Pero hemos visto una “gran luz” en el descubrimiento por los científicos de la física de que el átomo oculta energías electrónicas cuyo arreglo matemático determina el carácter de todos los elementos fundamentales de la naturaleza. Este descubrimiento ha dividido la ciencia basada en la vieja y mecánica teoría atómica, pero también ha dado a los metafísicos cristianos una nueva comprensión de la dinámica que sirve de fondo al Espíritu.
La ciencia ahora postula el espacio más bien que la materia como la fuente de vida. Ella dice que el mismo aire que respiramos está lleno de fuerzas dinámicas esperando que el hombre las agarre y utilice, y que estas energías invisibles y omnipresentes poseen potencialidades mucho más allá de nuestra concepción más elevada. Lo que se nos ha enseñado sobre las glorias del cielo palidece hasta llegar a la insignificancia cuando las comparamos con las glorias de los rayos radiantes, lo que popularmente se refiere como el “éter”. La ciencia nos ha dicho que hemos utilizado muy escasamente este océano poderoso del éter al producir de él la luz y el poder eléctricos. La fuerza aparentemente tremenda que la rotación de nuestros dinamos genera es solamente un débil chorrillo de un universo de energía. Las ondas invisibles que llevan los programas de radio a todo lugar son sólo una mera indicación de un poder inteligente que penetra todo germen de vida, visible e invisible. Las mentes científicas de todas partes del mundo han sido conmovidas grandemente por estos descubrimientos revolucionarios, y no han encontrado un lenguaje adecuado para explicar su magnitud. Aunque los científicos han escrito un número de libros en los cuales exponen cautelosamente los efectos de largo alcance que inevitablemente seguirán la apropiación por el hombre del éter fácilmente accesible, ninguno se ha atrevido a decir toda la verdad. La verdad es que el mayor descubrimiento de todas las edades es el de la ciencia física: todo tiene aparentemente su origen en el éter invisible e intangible. Lo que Jesús enseñó tan profundamente en símbolos sobre las riquezas del reino de los cielos ha sido probado como verdadero ahora.
De acuerdo con el griego, la lengua en que el Nuevo Testamento ha llegado a nosotros, Jesús no usó la palabracielo, sino la palabracielos, en Su enseñanza. El no nos hablaba de las glorias de algún lugar lejano llamado “cielo”, sino revelaba las propiedades de los “cielos” por todo nuestro alrededor —lo que los físicos llaman tanto “espacio” como “éter”. Jesús enseñó no sólo su dinámica, sino también su carácter inteligente, y dijo que la entidad que lo gobierna está dentro del hombre: “El reino de Dios está entre vosotros”. El no sólo describió este reino de los cielos en numerosas parábolas, sino que hizo su realización por el hombre el objetivo primordial de la existencia humana. No sólo estableció esto como la meta del hombre, sino que El mismo la realizó, de tal modo demostrando que Su enseñanza es práctica así como verdadera.
Los científicos nos dicen que el éter está cargado de electricidad, magnetismo, rayos de luz, rayos X, rayos cósmicos y otras radiaciones dinámicas; que es la fuente de toda vida, luz, calor, energía, gravitación, atracción y repulsión; en breve, que es la esencia interpenetrante de todo lo que existe en la tierra. En otras palabras, la ciencia da al éter todas las atracciones del cielo sin decirlo directamente. Jesús resumió el tema cuando dijo a Sus seguidores que del reino de Dios era que Dios vestía y daba de comer a todos Sus hijos. “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. La ciencia dice que las partículas eléctricas que se rompen en luz en la atmósfera de nuestra tierra son también una fuente de toda substancia y materia. Jesús dijo que El era la substancia y el pan que descendió de los cielos. ¿Cuándo empezará nuestra civilización en realidad a apropiar y usar espiritualmente así como físicamente este océano poderoso de substancia y vida?
Esta substancia mental inagotable es asequible en todo momento y lugar para aquellos que han aprendido a asirse de ella en conciencia. Jesús explicó la forma más sencilla, breve y directa de hacer esto: “Cualquiera que … no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho”. Cuando sabemos que ciertas ideas potentes existen en las expresiones de la mente invisible, que la ciencia ha nombrado el “éter” así como el “espacio”, y que se nos ha provisto de una mente para asirnos de ellas, es fácil activar la ley a través del pensamiento, la palabra y acción.
“Hay una marea en los asuntos de los hombres,
Que, en su cima, lleva a la fortuna”, dice Shakespeare. Esa cumbre nos espera en los espacios cósmicos, el paraíso de Dios.
La substancia espiritual de la cual proviene toda riqueza visible no se agota nunca. Ella está ahí contigo todo el tiempo y responde a tu fe y tus necesidades. No es afectada por nuestra ignorante conversación de tiempos malos, aunque nosotros sí somos afectados porque nuestros pensamientos y palabras gobiernan nuestra demostración. El recurso infalible está siempre listo para dar. No tiene otra elección en el asunto; debe dar, porque ésa es su naturaleza. Vierte tus vivas palabras de fe en la substancia omnipresente, y serás próspero aunque todos los bancos del mundo cierren sus puertas. Dirige la gran energía de tu pensamiento a ideas de abundancia y tendrás abundancia a pesar de lo que las personas a tu alrededor digan o hagan.
Dios es substancia, pero si con esta declaración queremos decir que Dios es materia, algo de tiempo y condición, entonces debemos decir que Dios no tiene substancia. Dios no se limita a esa forma de substancia que llamamosmateria. Dios es la esencia intangible de la cual la persona ha formado y llamadomateria. La materia es una limitación mental de esa substancia divina cuyo carácter vital e inherente se manifiesta en toda expresión de vida.
Podemos concebir la substancia divina como la energía de Dios, o la luz del Espíritu, y “Dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz”. Esto está en armonía con las conclusiones de algunos de los físicos más avanzados. Sir James Jeans dice en “El universo misterioso”: “La tendencia de la física moderna es resolver todo el universo material en ondas, y nada más que ondas. Estas ondas son de dos tipos: ondas contenidas o refrenadas, que llamamos materia, y ondas no contenidas que llamamosradiación, o luz. El proceso de aniquilación de la materia es meramente desencadenar la aprisionada onda de energía y libertarla para que viaje a través del espacio”.
El Espíritu no es materia. El Espíritu no es persona. Para percibir la esencia del Ser, debemos abandonar todo pensamiento de nuestra mente de que Dios es de algún modo circunscrito, o tiene cualesquiera de las limitaciones que asociamos con...