Introducción
Jesús profetizó el advenimiento de una raza de hombres que se sentarían con El en doce tronos, juzgando a las doce tribus de Israel. Este libro explica el significado de esta referencia mística, qué son y dónde están los doce tronos, y qué realizaciones son necesarias para el hombre antes de que pueda seguir a Jesús en esta fase de su regeneración. La regeneración sigue a la generación en el desenvolvimiento del hombre. La generación sostiene y perpetúa lo humano; la regeneración desenvuelve y glorifica lo divino.
No se espera que los principiantes en el estudio del cristianismo metafísico comprendan este libro. El mismo se relaciona con fuerzas que funcionan bajo y sobre el nivel de la mente consciente. El pensador religioso promedio no sabe nada acerca de la mente subconsciente y muy poco acerca del superconsciente. Este libro presupone un conocimiento que permita trabajar con ambos niveles.
El propósito de este libro es clarificar el misterio que siempre envuelve el advenimiento, vida y muerte de Jesús. Para el lector superficial de los Evangelios Su vida fue una tragedia y en lo que concierne al reino majestuoso que se había profetizado, éste fue un fracaso. No obstante, aquellos que comprenden la sutileza y la supremacía del Espíritu ven que Jesús fue el conquistador de una fuerza psíquica que estaba destruyendo la raza humana.
Jesús fue el actor estelar en el drama más grande que jamás se haya representado en la tierra. Este drama se desenvolvió en el reino celestial con el propósito de inyectar nueva vida en hombres que estaban a punto de perecer. No es posible que el hombre comprenda la importancia plena de este gran plan de salvación hasta que despierte en sí mismo las facultades que lo relacionan con la tierra abajo y los cielos arriba.
Por largo tiempo se había profetizado que el tiempo estaba maduro para el advenimiento de una nueva raza en este planeta, y había surgido mucha especulación en cuanto a la naturaleza y manifestación del superhombre. En consecuencia, se expone la idea metafísica del avivamiento espiritual del hombre en el plano de expresión humana y su transformación hacia lo divino; no por un milagro o mandato de Dios, sino por el refinamiento gradual del hombre carnal en el hombre espiritual. Como enseñó Pablo: “Esto corruptible se vestirá de incorrupción y lo mortal se cubrirá de inmortalidad”.
Jesús representó las “primicias” de aquellos que están liberándose de lo mortal para penetrar en lo inmortal. El fue el prototipo, el Señalador del Camino, y al seguir Su ejemplo y apropiarnos de Su naturaleza como hombre de mente espiritualizada, podremos elevarnos a Su mismo estado de conciencia.
El discernimiento espiritual siempre precede a la demostración, en consecuencia, es más lo que se enseña en este libro como una posibilidad de realización por el hombre que todo lo que se ha demostrado por cualquier hombre, excepto Jesús. Aquellos que se sienten preparados para la gran aventura en la realización de vida eterna en el cuerpo aquí y ahora, no deberán desanimarse porque no hay ejemplos sobresalientes de hombres que hayan logrado elevarse a este alto grado de exaltación. A través de la energía mental, o del poder dinámico de la mente, el hombre puede liberar la vida de los electrones ocultos en los átomos que componen las células de su cuerpo. La ciencia física dice que si la energía electrónica almacenada en una sola gota de agua fuera liberada súbitamente, su poder demolería un edificio de seis pisos. ¿Quién puede calcular el poder encerrado en los millones de células que forman el cuerpo humano? Jesús, a través de Sus enseñanzas místicas, nos enseñó el método para liberar y controlar esta energía corporal. El se transfiguró ante Sus apóstoles, “y su rostro brilló como el sol, y sus vestimentas se tornaron blancas como la luz”. Antes de Su crucifixión El había logrado tal poder sobre las células de Su cuerpo que le anunció a los judíos que podrían destruir Su cuerpo y “en tres días”, El “lo levantaría”. Demostró este poder en la resurrección de Su cuerpo después que había sido declarado sin vida. Cuando desapareció en una nube, El sencillamente desató los átomos dinámicos de todo Su cuerpo y liberó su energía eléctrica. Esto lo impulsó hacia la cuarta dimensión de la sustancia, la cual El llamó “el reino de los cielos”.
La energía dinámica que el hombre libera a través de la oración, la meditación y las actividades más elevadas de su mente es tan fuerte que si no se controla y se eleva al plano espiritual puede resultar en una fuente de destrucción para el cuerpo. Si se lleva a los extremos, ella puede además, convertirse en una causa para la destrucción del alma. “No temáis a aquellos que destruyen el cuerpo pero no pueden destruir el alma; sino a los que pueden destruir el alma y el cuerpo en el infierno.” Este que puede destruir ambos el cuerpo y el alma en el infierno (Gehena) es el yo personal o el egoísmo en el hombre.
La energía electrónica en el hombre es una especie de fuego que se representa como el infierno (Gehena). Este fuego electrónico debe usarse sin egoísmo. Si se usa para promover el egoísmo del hombre, se torna destructivo a través de las contracorrientes que establece en el sistema nervioso.
No estimulamos a aquellos que aún sienten ambiciones mundanas a emprender el desenvolvimiento de los doce poderes del hombre. Te sentirás desilusionado si tratas de usar estos superpoderes para ganar dinero (“convertir las piedras en pan”), dominar a otros (“los reinos del mundo … Todas estas cosas te daré”), o hacer ostentación de tu poder (“Si tú eres el hijo de Dios, échate abajo”). Estas son las tentaciones del yo egoísta, según se indican en el capítulo cuarto de Mateo, las cuales Jesús tuvo que vencer y que tienen que superar todos los que le siguen “en la regeneración”.
Gozo indecible, gloria y vida eterna se prometen a aquellos que con devoción generosa se esfuerzan por desarrollar el estado consciente de Hijos de Dios. Todas las glorias del hombre natural son nada al compararlas con el desenvolvimiento del hombre espiritual. Las cosas de este mundo pasan, pero las cosas del Espíritu perduran siempre. En su cuerpo carnal, el hombre puede compararse con una oruga, que es el embrión de la mariposa. En su estado rudimentario, la oruga es un simple gusano de la tierra, pero tiene envuelta en sí misma, una hermosa criatura esperando liberarse de su envoltura material. Pablo visualizó esto cuando escribió en Rom. 8:22: “Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando por la adopción, la redención de nuestro cuerpo”.
Jesús, el Gran Maestro, ofreció muchas lecciones para instrucción nuestra. La mayor de ellas y la más espiritual fue “La Revelación de Juan”. En ella, El se mostró a Juan tal y como El es en Su cuerpo redimido. De pie en medio de siete luces, que representan las siete ideas de la Mente Divina predominando en la tierra restaurada. “Uno semejante al hijo del hombre, ataviado con una vestimenta que le llegaba hasta los pies; y ceñido el pecho con una cinta de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos como lana blanca, blancos como la nieve; y sus ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como si hubiera sido refinado en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas. Y tenía en su diestra siete estrellas: de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza.”
Esta descripción de la apariencia de Jesús es en parte simbólica, porque Juan mismo no comprendía la total importancia de los poderes que estaba ejerciendo el hombre espiritual, cuyas palabras eran tan definidas que a Juan le parecieron de dos filos; cuyos ojos eran tan penetrantes que parecían una llama de fuego; cuya voz era como el murmullo de muchas aguas. El lenguaje es pobre y desnudo cuando uno trata de describir las glorias del estado espiritual. Es necesario establecer comparaciones dentro de los límites de la comprensión del lector y éstas sólo describen débilmente al hombre sobrehumano y sus poderes.
No obstante, este retrato a pluma hecho por Juan, de lo que él vio cuando se levantó “en el Espíritu en el día del Señor”, nos da una visión fugaz del hombre redimido y de lo que alcanzaremos cuando...