: Charles Fillmore
: Enséñanos a orar
: Unity Libros
: 9780871597373
: 1
: CHF 9.60
:
: Philosophie, Religion
: Spanish
: 220
: kein Kopierschutz
: PC/MAC/eReader/Tablet
: ePUB
Explora el poder transformation de la oración con este clásico eterno por el confundador de Unity Charles Fillmore y su segunda esposa, Cora. La oración puede ser una Aventura emocionante que te lleva a una comprensión más profunda de Dios y de ti mismo. Aprende las aplicaciones prácticas y diarias de la oración dondequiera que estés en tu camino espiritual.

La verdadera oración


La Verdad está en ti. No se levanta

de lo externo aunque pienses que es así.

Hay un íntimo centro en cada alma

donde brilla serena: busca allí.

Saber consiste en abrir el camino

para que escape la divina luz,

mejor que abrir entrada desde afuera

a la engañosa luz que buscas tú.

—Robert Browning

DURANTE todas las edades el hombre ha estado esforzándose espiritualmente en realizar unión consciente con su centro más profundo donde la Verdad en toda su gloria permanece eternamente. Esta realización puede lograrse sólo por la verdadera oración.

Los discípulos de Jesús lo importunaron con avidez: “Señor, enséñanos a orar”. Hoy, como discípulos del Maestro le estamos pidiendo que nos enseñe la manera de unificar nuestra consciencia con la Mente de Dios. Queremos encontrar la interna Verdad que nos hace libres.

Sus instrucciones a los discípulos fueron: “Pero vosotros, cuando oréis, entrad en vuestra cámara interna y cerrando la puerta, orad al Padre que está en secreto y el Padre que ve en secreto, os recompensará”. Es difícil mejorar este sencillo método. Calladamente entrar en la interna cámara dentro de nuestra alma; cerrar la puerta a los externos pensamiento de la vida diaria y buscar unión consciente con Dios, es la suprema forma de orar que conocemos.

El propósito del silencio es aquietar la actividad del pensamiento individual para que la quieta, pequeña voz de Dios, pueda ser oída. Porque en el silencio, el Espíritu habla Verdad a nosotros y precisamente la Verdad que necesitamos.

La oración es el firme esfuerzo del hombre para conocer a Dios. Hay un íntimo espíritu que lógicamente conecta y une al hombre con su origen. Este espíritu es el divino Logos, la Palabra o Verbo de Dios que en verdad revela la lógica de las Escrituras. A causa de este hecho el hombre instintivamente siente y sabe de dónde viene su ayuda.

La Mente de Dios, compuesta de radiantes ideas, vibrante vida, gloriosa, nueva inspiración, es nuestra para usarla. Puesto que somos el hombreYo quiero en la suprema Divinidad, realicemos con Jesucristo nuestra importancia espiritual. ¡Pensemos hondamente en el divino Logos, el Verbo de Dios! En él está el divino ímpetu destinado a vitalizar el alma del hombre y capacitarle para desarollar sus latentes poderes.

Cuando despertamos aun a una mínima consciencia de este cooperador espíritu, nos volvemos cocreadores con Dios y encontramos que podemos ajustar cualquiera condición que venga a nuestra vida. Jesús estaba tan completamente unificado con la Mente de Dios, que podía decir que las palabras que hablaba no eran Suyas, sino del Padre que vivía en El.

Con la oración llegamos a la íntima relación con Dios que Jesús debió disfrutar cuando dijo: “El Padre y yo somos uno”. Jesucristo es nuestro Maestro y Ayudador. Al orar, ¿cuál debe ser nuestra actitud, nuestro interés cuando nos acercamos a la divina presencia? Si supiéramos que ahora mismo estábamos a punto de ser introducidos a la presencia de Cristo, ¿hasta dónde se despertaría nuestra expectación espiritual? Sin duda nos conmoveríamos profundamente sólo al pensarlo. Sintamos el mismo interés intenso, el mismo concernimiento cuando nos volvemos a la divina presencia en nosotros. Esto añadirá mucho a la disposición con que recibimos la Verdad.

Entrando en el silencio


Al entrar en el silencio de acuerdo con Oseas, el mandato es “Toma contigo palabras y retorna a Jehová”. Después de muchos siglos esta instrucción continúa aprobada hoy. Para el metafísico significa cerrar los ojos y oídos a lo externo, centrarse adentro y mantener firme la mente en la palabra “Jehová” hasta que ilumina toda la consciencia interna. Entonces afirma una oración como “Tu vitalizadora energía inunda toda mi consciencia y soy sanado”.

Piensa en lo que realmente es la vitalizadora energía de Dios puesta en acción por Jesucristo. Penetra con más hondura en la consciencia de Dios en ti y sostén la oración con persistencia hasta que alcances la realización espiritual y la lógica de tu propia mente se satisfaga.

Realizar una idea en el silencio es revestirla de vida, sustancia e inteligencia. Realizar una oración es actualizarla; vestirla de alma, saber que ha de cumplirse.

La palabra de oración tiene en ella una semilla viviente que está destinada a impregnar el terreno de la mente y hacer que dé fruto según su clase.

A través de Cristo el hombre tiene el poder de comprender que como el YO SOY “vitalizadora salud”, él es el gran magneto central funcionando en omnipresencia y alrededor del cual giran todos los poderes sanadores del Espíritu. Tiene el poder de realizar esta verdad hasta que los éteres más sagrados respondan y se contemple a sí mismo poderoso, lleno de paz, perfecto: sanado enteramente. Es de este modo que injertamos la palabra sanadora en nuestras mismas almas.

Cuando estábamos en Florida un cultivador de frutas citrosas nos dijo muchas cosas interesantes sobre el crecimiento de sus huertos. Hay muchos pantanos en Florida. El instruyó a sus hombres a ir a estos pantanos, en las lodosas, negras aguas infestadas de hormigueantes reptiles y allí escavar, sacando los vástagos de limonero silvestre con sus fuertes, vigorosas raíces, para trasplantarlos en tierra bien preparada y entonces injertar en ellos brotes de sus valiosos árboles domésticos. El nuevo árbol, cargado con dorados frutos apareció a su tiempo. La fuerte, vigorosa raíz del limonero silvestre, añadió a la nueva fruta sabor y calidad.

En metafísica la ley es “Si la raíz es santa así son las ramas”. Al menos las ramas son potencialmente sagradas. Encontramos que el hombre natural es físicamente fuerte y vigoroso como la raíz del limonero silvestre. El hombre natural también lucha en una oscura, negativa, pantanosa atmósfera sin poder para expresar lo espiritual tal como le sucede al limonero silvestre.

Pero el hombre natural puede tomar una palabra de Verdad y por medio de una concentración única en ella, penetrar en lo invisible, unir su consciencia a la Mente de Dios y sostener una oración realizadora hasta que la verdad que contiene se injerta en el alma misma. Así, del mismo modo que la fruta citrosa se desarrolla por el proceso del injerto, el hombre, por la palabra injertada, se vuelve un carácter fuerte, positivo, espiritual.

Hay un solo Dios, un solo poder regidor en todo el universo y el supremo cauce a través del cual Dios puede expresarse es el hombre. El hambre de Dios que siente el hombre en su alma es en realidad Dios anhelando expresar vida eterna a través del hombre. Dios estás siempre tratando de despertar el alma misma del hombre a Su poderosa presencia. Expande así la consciencia ofreciendo al hombre una oportunidad más completa y más perfecta de expresarlo.

Hay un unión parcial con el Espíritu y una completa unidad con El. Cada vez que fundimos por entero nuestra mente con la Mente creadora, encontramos a Cristo en nuestra consciencia y es cuando estamos en esa consciencia que nuestras oraciones son contestadas. La habilidad de unir nuestra mente con la Mente Una hace de nosotros un gran hombre.

Toda persona tiene hambre de vida eterna y en su esfuerzo de satisfacer esta hambre, toda alma forma su propio concepto de Dios. Los antiguos decían que un hombre honrado era la obra más noble de Dios. Ingersoll dijo: “Un Dios honrado es la obra más noble del hombre”.

En hecho y verdad la oración es el acercamiento espiritual del hombre a Dios y la oración efectiva no expresa agonía. Ni Jesús, ni ningún hombre que ha unido su alma a la de Dios, ha sufrido o sentido agonía. El sufrimiento viene como resultado de la separación y el esfuerzo de regresar a la consciencia de la Omnipresencia, “la casa de mi Padre”.

Carlyle dijo: “Considera la significación del silencio: es ilimitado, nunca agotado por la meditación; indeciblemente provechoso para ti. Cesa de hacer ese caótico alboroto en donde gastas tu propia alma hasta confuso, suicida dislocamiento y estupor; del silencio viene tu fortaleza. La palabra es de plata; el silencio de oro; la palabra es humana, el silencio divino.

“¡Tonto! ¿Piensas que porque nadie está cerca con pergamino y plomo negro para anotar tu jerga, ella muere y es inofensiva? Nada muere, nada puede morir. La palabra más ociosa que hablas es una semilla en el Tiempo y crece por toda la eternidad. El ángel anotador, considéralo bien, no es una...