: Pedro Calderón de la Barca
: La dama duende
: Linkgua
: 9788499537245
: Teatro
: 1
: CHF 2.70
:
: Dramatik
: Spanish
: 144
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La dama duende es quizá la comedia de enredo más famosa y divertida de Calderón de la Barca, aunque también tiene rasgos (como sucede con otras) de comedia de honor y de capa y espada. De ritmo trepidante y vertiginoso, la acción desarrolla una intriga compleja en la que, como novedad, existen múltiples lazos familiares entre los protagonistas. La obra muestra a don Manuel y a don Luis enfrentados por una cuestión de honor relativa a una dama. Don Manuel, que resulta herido, no sabe que don Luis es el hermano de su mejor amigo, don Juan, y que la dama en cuestión, Ángela, es su hermana. Don Luis es el hermano segundón y vive a costa del mayorazgo de don Juan. Don Manuel se disponía en el momento de ser herido a alojarse en casa de los tres hermanos. La complejidad se acentúa al cortejar don Luis a Beatriz, al igual que su hermano Juan, aunque sin éxito el primero. Juan, por su parte, no llega a enterarse de dicho cortejo, ni de las relaciones 'hipotéticas' de su amigo Manuel con su hermana. Beatriz y Ángela (la dama duende) son también amigas, con lo cual Luis queda enfrentado a todos, bien por amor o bien por honor. Con este intrincado planteamiento se desarrolla una rocambolesca peripecia, a veces cómica y a veces rozando el drama, en la que la intransigencia de don Luis será el camino que lo lleve a la frustración y la desgracia.

Pedro Calderón de la Barca (Madrid, 1600-1681)Calderón de la Barca nació el 17 de enero de 1600, en Madrid, como segundo de cinco hermanos, en el seno de una familia de mediana hidalguía procedente de las montañas cántabras. Su padre fue escribano del Consejo y Contaduría Mayor de Hacienda. La madre murió en 1610 y el padre en 1615. Al parecer, su padre había dejado como voluntad y requisito para que Pedro y sus hermanos heredaran el que siguieran las carreras que él había marcado; a Calderón le estaba destinada la de sacerdote. Al igual que Lope de Vega, Quevedo y otros literatos, Calderón cursó estudios en el madrileño colegio Imperial de los jesuitas (hasta 1613), y los continuó en las universidades de Alcalá de Henares y Salamanca (hasta 1620), donde, quizá por la exigencia paterna, estudió teología, pero también lógica, retórica, historia y derecho natural y político. Su bagaje cultural era muy amplio, tocado por la escolástica y las ideas existencialistas agustinianas. Calderón vivió tres reinados (con Felipe III, Felipe IV y Carlos II) durante los cuales se fue desintegrando el poder español y el país quedó cada vez más aislado del escenario internacional, sobre todo a partir de la pérdida de Flandes por la paz de Westfalia, en 1648. Pero no fue tanto así en la creación literaria, ya que Calderón vivió de lleno el Siglo de Oro español, tan prolífico y rico en cuanto a las artes. Hacia 1620, los hermanos Calderón debieron resolver un litigio relativo a la herencia con la segunda mujer de su padre. Ese mismo año, Calderón de la Barca abandonaría los estudios religiosos e iniciaría sus primeras tentativas literarias con la poesía. Así, participó como poeta en varios certámenes y justas, pero pronto descubriría su atracción por la 'comedia nueva' de Lope de Vega, quien debió despertar su fascinación por el teatro. Calderón desarrollaría la mitad de su producción paralelamente al ascenso del valido conde-duque de Olivares (entre 1621 y 1643), protector de artistas y literatos. Su bautismo teatral se produce, en 1623, con la obra Amor, honor y poder. Calderón realizará algunos viajes por Flandes e Italia, entre 1623 y 1625, como secretario del duque de Frías. Después, será asiduo escritor de obras para la Corte y para los corrales de comedias. Su prestigio en la Corte fue aumentando, y Felipe IV le otorgó el ingreso como caballero de la orden de Santiago, hacia 1637. También debió vivir algunos episodios oscuros, como una acusación por violar, junto a su hermano, la clausura de un convento de trinitarias, tema del que no se sabe a ciencia cierta la verdad. Por otro lado, su buena relación con Lope de Vega debió enfriarse hacia 1629, aunque tampoco hay datos fiables sobre los motivos. Se habla de un extraño incidente: un hermano de Calderón fue agredido y, éste al perseguir al atacante, entró en un convento donde vivía como monja la hija de Lope.

Jornada segunda


(Salen doña Ángela, doña Beatriz e Isabel.)

Beatriz Notables cosas me cuentas.

ÁngelaNo te parezcan notables

hasta que sepas el fin

en que quedamos.

Beatriz Quedaste

en que por el alacena

hasta su cuarto pasaste;

que es tan difícil de verse

como fue de abrirse fácil;

que le escribiste un papel

y que al otro día hallaste

la respuesta.

Ángela Digo, pues,

que tan cortés y galante

estilo no vi jamás,

mezclando entre lo admirable

del suceso lo gracioso,

imitando los andantes

caballeros a quien pasan

aventuras semejantes.

El papel, Beatriz, es éste.

Holgaréme que te agrade.

(Lee Ángela.)«Fermosa dueña, cualquier que vos seáis,

la condolida de este afanado caballero,

y asaz piadosa minoráis sus cuitas, ruego

vos me queráis facer sabidor del follón

mezquino o pagano malandrín que en este

encanto vos amancilla, para que segunda

vegada en vueso nombre, sano yo de las

pasadas feridas, entre en descomunal

batalla; maguer que finque en ella, que

non es la vida de más pro que la muerte

tenudo a su deber un caballero. El dador

de la luz vos mampare, e a mí non olvide.

El caballero de la dama duende.»

BeatrizBuen estilo por mi vida,

y a propósito el lenguaje

del encanto y la aventura.

ÁngelaCuando esperé que con graves

admiraciones viniera

el papel, vi semejante

desenfado, cuyo estilo

quise llevar adelante,

y respondiéndole así,

pasé.

Isabel Detente, no pases;

aquí viene don Juan tu hermano.

ÁngelaVendrá muy firme y amante

a agradecerse la dicha

de verte, Beatriz, y hablarte

en su casa.

Beatriz No me pesa,

si hemos de decir verdades.

(Sale don Juan.)

JuanNo hay mal que por bien no venga,

dicen adagios vulgares

y en mí se ve, pues que vienen

por mis bienes vuestros males.

He sabido, Beatriz bella,

que un pesar que vuestro padre

con vos tuvo, a nuestra casa

sin gusto y contento os trae.

Pésame que hayan de ser

lisonjeros y agradables

como para vos mis gustos

para mí vuestros pesares.

Pues es fuerza que no sienta

desdichas, que han sido parte

de veros, porque hoy Amor

diversos efectos hace

en vos de pena y en mí

de gloria, bien como el áspid

de quien, si sale el veneno

también la triaca sale.

Vos seáis muy bien venida

que, aunque es corto el hospedaje,

bien se podrá hallar un Sol

en compañía de un ángel.

BeatrizPésames y parabienes

tan cortesmente mezclasteis

que no sé a qué responderos.

Disgustada con mi padre

vengo, la culpa tuvisteis

pues, aunque el galán no sabe,

sabe que por el balcón

hablé a noche, y mientras pase

el enojo, con mi prima

quiere que esté, porque hace

de su virtud confianza.

Sólo os diré, y esto baste,

que los disgustos estimo

porque también en mí cause

Amor diversos efectos.

Bien como el Sol cuando esparce

bellos rayos, que una flor

se marchita y otra nace.

Hiere el Amor en mi pecho

y es sólo un rayo bastante

a que se muera el pesar

y nazca el gusto de hallarme

en vuestra casa que ha sido

una esfera de diamante,

hermosa envidia de un Sol

y capaz dosel de un ángel.

ÁngelaBien se ve que de ganancia

hoy andáis los dos amantes

pues que me dais de barato

tantos favores.

Juan ¿No sabes,

hermana, lo que he pensado?

Que tú sólo por vengarte

del cuidado que te da

mi huésped, cuerda buscaste

huéspeda que a mí me ponga

en cuidado semejante.

ÁngelaDices bien, y yo lo he hecho

sólo porque la regales.

JuanYo me doy por muy contento

de la venganza.

Beatriz ¿Qué haces,

don Juan? ¿Dónde vas?

Juan Beatriz,

es servirte, que dejarte

sólo a ti por ti pudiera.

ÁngelaDéjale ir.

Juan Dios os guarde.

(Vase.)

ÁngelaSí, cuidado con su huésped

me dio, y cuidado tan grande

que apenas sé de mi vida

y él de la suya no sabe.

Viéndote a ti con el mismo

cuidado, he de desquitarme

porque de huésped a huésped

estemos los dos iguales.

BeatrizEl deseo de saber

tu suceso fuera parte

solamente a no sentir

su ausencia.

Ángela Por no cansarte,

papeles suyos y míos

fueron y vinieron tales,

los suyos digo, que pueden

admitirse y celebrarse;

porque mezclando las veras

y las burlas no vi iguales

discursos.

Beatriz Y él, en efecto,

¿qué es a lo que se persuade?

ÁngelaA que debo de ser dama

de don Luis, juntando partes

de haberme escondido de él

y de tener otra llave

del cuarto.

Beatriz Sola una cosa

dificultad se me hace.

ÁngelaDi cuál es.

Beatriz ¿Cómo este hombre,

viendo que hay quien lleva y trae

papeles, no te ha espiado

y te ha cogido en el lance?

ÁngelaNo está eso por prevenir

porque tengo a sus umbrales

un hombre yo que me avisa

de quien entra y de quien sale.

Y así no pasa Isabel

hasta saber que no hay nadie.

Que ya ha sucedido, amiga,

un día entero quedarse

un criado para verlo,

y haberle salido en balde

la diligencia y cuidado.

Y porque no se me pase

de la memoria... Isabel,

llévate aquel azafate

en siendo tiempo.

Beatriz Otra duda...

¿Cómo es posible que alabes

de tan entendido un hombre

que no ha dado en casos tales

en el secreto común

de la alacena?

Ángela Ahora sabes

lo del huevo de Juanelo,

que los ingenios más grandes

trabajaron en hacer

que en un bufete de jaspe

se tuviese en pie, y Juanelo

con sólo llegar y darle

un golpecillo, le tuvo.

Las grandes dificultades

hasta saberse lo son;

que sabido, todo es fácil.

BeatrizOtra pregunta.

Ángela Di cuál.

BeatrizDe tan locos disparates,

¿qué piensas sacar?

Ángela No sé.

Dijérate que mostrarme

agradecida y pasar

mis penas y soledades

si ya no fuera más que esto;

porque, necia e ignorante,

he llegado a tener celos

de ver que el retrato guarde

de una dama. Y aún...