: Charles Chaplin
: Mis andanzas por Europa
: Ediciones Evohé
: 9788493913496
: 1
: CHF 3.10
:
: Biographien, Autobiographien
: Spanish
: 166
: kein Kopierschutz
: PC/MAC/eReader/Tablet
: ePUB
Del prólogo de Luis Alberto de Cuenca: 'Chaplin nos cuenta en Mis andanzas por Europa sus aventuras (que no desventuras) por Inglaterra, Francia y Alemania. Un viaje triunfal. Sus fans lo persiguieron tanto o más que en Estados Unidos. Los periodistas lo abrumaron, y hasta lo cabrearon, con sus impertinentes entrevistas y cegadores y continuos flashes. 'Se negó a que le presentaran a Bernard Shaw, por no caer en el tópico, pero intimó con H. G. Wells, que le impartió lecciones de socialismo más o menos utópico. Fue recibido en París como un Pétain después de Verdún. Visitó la Alemania de las cifras astronómicas de marcos impresas en cada billete, fruto de la escandalosa inflación que padeció el país del derrotado Káiser en la inmediata posguerra. 'Mis andanzas por Europa es un libro lleno de humor y de ironía, y de datos valiosísimos sobre los gustos de su autor. Sus memorables páginas están escritas en un estilo despojado y sencillo que no rehúye una exquisita hondura lírica, y que cautiva a quien se acerca a ellas, pues quien nos habla es Charlie Chaplin, uno de los cuatro o cinco nombres más relevantes del siglo XX y del cine mundial'.

Charles Spencer Chaplin (Londres, 1889-Corsier-sur-Vevey, 1977), conocido en todo el mundo por su emblemático personaje Charlot, fue un genial actor, director, guionista e incluso compositor de sus bandas sonoras. Sus padres, actores de existencia trágica (alcohólico él y recluida en un psiquiátrico ella), no pudieron ofrecerle más que una infancia de pobreza. Tras fallecer el padre y pasar por varios orfanatos, en 1907 Chaplin se unió al grupo teatral de FredKarno. En 1914 debutó en el cine y ya no paró. Charlot, un refinado vagabundo melancólico, de bigotito, sombrero bombín, ajados zapatones y delgado bastón, conquistó al público con la intensidad de sus emociones, su gran humanidad y compromiso y su ácida crítica. Tras el éxito de su primer largometraje, El chico (1921), Chaplin emprendió un viaje a sus raíces, al barrio de su infancia, al Kennington londinense que le vio crecer y mendigar. Este viaje le llevó también, tras su baño de masas en Gran Bretaña, a Francia y Alemania, y su relato constituye este My Trip Abroad. Rodó alrededor de 90 películas, verdaderas obras maestras como La quimera del oro (1925), Luces de la ciudad (1931), Tiempos modernos (1936), El gran dictador (1940), Monsieur Verdoux (1946) o Candilejas (1952). En 1971 recibió un Óscar a la totalidad de su obra.

I

Me decido a hacer novillos

Un pastel de carne y riñones, gripe y un telegrama. He aquí la triple alianza responsable de todo el asunto. Aunque quizá hubiera también un poquito de añoranza y un deseo de aplausos en lo que me hizo partir hacia Europa para unas vacaciones.

Durante siete años había estado soleándome bajo el perpetuo sol de California, un sol aumentado artificialmente por los reflectores Cooper-Hewitts del estudio. Durante siete años había estado trabajando y pensando en una sola onda, y quería marcharme. Salir de Hollywood, de la colonia cinematográfica, de los escenarios, del olor de celuloide de los estudios, de los contratos, de la atención de la prensa, de las salas de montaje, de las muchedumbres, de las bellezas en bañador, de las natillas, de los zapatos grandes y de los pequeños bigotes. Me encontraba en una atmósfera de actividad; pero de una actividad que para mí iba rápidamente acercándose al estancamiento.

Deseaba unas vacaciones emocionales, y al mismo tiempo comenzar una empresa de difícil realización. Les aseguro que incluso el payaso tiene sus momentos racionales y yo entonces los necesitaba.

La triple alianza mencionada aconteció de manera simultánea. Había terminado las películasEl chico[1]yVacaciones[2], y estaba a punto de embarcarme en la siguiente. La compañía había sido ya contratada. El guión y los decorados estaban listos. Habíamos trabajado en la película un día.

Me sentía muy cansado, débil y deprimido. Acababa de recuperarme de un ataque de gripe, y me hallaba en uno de esos estados de ánimo en los cuales todo da lo mismo. Me faltaba algo, y no sabía lo que era.

Y entonces, Montague Glass me invitó a cenar a su casa de Pasadena. Tenía muchas otras invitaciones, pero esta llevaba consigo la garantía de que comería pastel de carne y riñones. Una debilidad mía. Me presenté con bastante anticipación. El pastel era una sinfonía. Y lo mismo la velada. Monty Glass, su encantadora esposa, su pequeña hija, el ilustrador Lucius Hitchcock y su mujer: sencillamente una hogareña reunión familiar, sin luces rojas ni orquesta dejazz, que despertó en mí alguna reminiscencia que no supe identificar.

Después del último asalto al pastel, pasamos al salón, frente a la chimenea. Conversación, no jerga de estudio ni cháchara ociosa. Un intercambio de ideas, ideas fundadas en ideas. Descubrí que Montague Glass es mucho más que el autor dePotash yPerlmutter[3]. Piensa. Es además un músico consumado.

Tocó el piano. Yo canté. No como el que presume de figura del entretenimiento, sino como el que toma parte en una agradable velada doméstica. Jugamos a los acertijos. La noche terminó demasiado pronto. Me dejó anhelante. Allí había un hogar, en el verdadero sentido de la palabra. Allí había un hombre que, habiendo logrado el éxito artístico y comercial, aún podía cerrar las puertas y sacar al gato al caer la noche.

Conduje de regreso a Los Ángeles. Estaba desasosegado. En casa me esperaba un telegrama de Londres. En él se me decía que mi última película,El chico, estaba a punto de aparecer en Londres, y que, como era considerada mi mejor producción, se trataba de una ocasión idónea para que yo hiciera el viaje de retorno a mi patria nativa. Un viaje que llevaba años prometiéndome hacer.

¿Qué aspecto tendría Europa después de la guerra?

Lo pensé detenidamente. Nunca había estado presente en el estreno de ninguna d